Por Ray Cárdenas
La investigación equivocada
En este país pasan cosas maravillosas. Tan maravillosas que, a veces, pareciera que el gobierno posee tecnología de punta para descubrir quién llevó un autobús de manifestantes, quién pagó la gasolina, quién organizó la protesta y quién imprimió las mantas…, pero sigue sin encontrar a decenas de miles de desaparecidos.
México, tierra donde resulta más fácil investigar a las madres buscadoras que encontrar a los hijos que están buscando.
Y no, no es un chiste. Aunque, a estas alturas, ya no sabemos si reír, llorar o pedir turno para ser investigados también.
Porque imagínese usted la escena.
Una madre que lleva años buscando a su hijo recibe la noticia de que las autoridades quieren saber cómo llegó a la Ciudad de México.
¡Magnífico!
El hijo desaparecido sigue sin aparecer, pero ya casi descubren quién compró los boletos del autobús.
Eficiencia burocrática en su máxima expresión.
Mientras tanto, en Morelos seguimos viviendo nuestra propia versión de la realidad alterna.
Los maestros del SNTE y la CNTE mantienen conflictos, presiones, protestas, exigencias y advertencias. Las escuelas resienten el problema, los padres de familia también y el gobierno parece observar el asunto como quien mira una serie de Netflix, esperando que el siguiente capítulo resuelva la trama por sí solo.
Y en medio de todo surge una pregunta que cada vez se escucha más en los pasillos políticos:
¿Alguien ha visto a Javier García Chávez?
Porque, si existe una operación política en Morelos, debe ser tan discreta que ni los propios actores políticos la han encontrado.
Dicen que está trabajando.
Seguramente sí.
El problema es que los conflictos no parecen haberse enterado.
Porque, cuando un gobierno tiene problemas con los maestros, problemas de seguridad, problemas de percepción, problemas de coordinación y problemas de comunicación, normalmente aparece un operador político.
Aquí lo que aparece es el siguiente problema.
Y luego otro.
Y luego otro más.
Gobernar es tomar decisiones, resolver conflictos, imponer orden cuando hace falta y generar resultados.
Y, lamentablemente, los delincuentes no se conmueven con la buena voluntad.
Los conflictos sindicales tampoco.
La inseguridad, menos.
El crimen organizado jamás ha suspendido actividades porque una autoridad sea simpática.
Mientras tanto, Morelos sigue observando cómo desfilan los escándalos, las detenciones de alcaldes, las investigaciones federales y los problemas que se acumulan como si fueran parte de una promoción de temporada.
Y la sensación es cada vez más evidente: el estado tiene gobierno, pero, a veces, parece que le falta gobernanza.
Por eso, la pregunta de fondo no es quién financió a las madres buscadoras.
La pregunta es dónde están los desaparecidos.
La pregunta no es quién organizó la protesta.
La pregunta es quién está resolviendo los problemas.
La pregunta no es quién llevó los camiones.
La pregunta es quién está conduciendo el estado.
Porque una cosa debe quedar clara:
Cuando un gobierno dedica más tiempo a investigar a quienes buscan justicia que a quienes provocaron la injusticia, algo está profundamente mal.
Y cuando los ciudadanos empiezan a notar más las ausencias que las soluciones, entonces el problema ya no es de percepción.
Es de gobierno.
Y ese, por desgracia, no se resuelve con una conferencia mañanera, una sonrisa institucional ni un comunicado lleno de buenos deseos. Se resuelve gobernando.
Y eso, hasta el momento, sigue siendo la asignatura pendiente.
P. D. ¿A quién van a traer en otro concierto para distraer?




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