LA TRIPA CONDUCE HASTA CUAUHTÉMOC BLANCO

Por Daniel Alcaraz

Durante años, Cuauhtémoc Blanco intentó reducir toda polémica a una simple fotografía. Dijo que se tomaba fotos con cualquiera. Dijo que no podía saber quién era cada persona que se acercaba a saludarlo. Dijo que una imagen no demostraba nada.

Hoy, esa defensa se derrumbó.

El alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, confirmó que Homero Figueroa Meza, alias “La Tripa”, señalado por autoridades federales como líder del grupo criminal Comando Tlahuica, formó parte de la nómina del SAPAC durante la administración encabezada por Cuauhtémoc Blanco.

La fotografía dejó de ser relevante.

Estamos hablando de un presunto líder criminal que ocupó una posición dentro de una institución pública bajo el gobierno de quien hoy despacha como diputado federal de Morena. Sí, y eso cambia absolutamente todo.

La revelación destruye la narrativa que durante años intentó construir el exfutbolista. Ya no se trata de explicar una imagen. Ahora tiene que explicarse cómo llegó a la estructura del gobierno municipal una persona que hoy aparece en el radar de las autoridades federales como uno de los principales generadores de violencia en Morelos.

Cuauhtémoc Blanco era entonces alcalde de Cuernavaca.
Era presidente de la Junta de Gobierno del SAPAC.
Era la máxima autoridad política del municipio.
Era el superior jerárquico de toda la estructura administrativa.

Pretender que no existe responsabilidad política por lo que ocurría dentro de una institución bajo su mando resulta, simplemente, insostenible.

Lo que resulta imposible negar es que los hechos ya lo colocan en el centro de una investigación que necesariamente tendría que profundizar la Fiscalía General de la República, pues el líder criminal que acaba de ser detenido formó parte de una nómina gubernamental y recibió el nombramiento del entonces presidente municipal, en su calidad de presidente de la Junta de Gobierno, Cuauhtémoc Blanco Bravo.

Por eso resulta inevitable la comparación con el caso de Hernán Bermúdez Requena en Tabasco.

Durante meses, Morena y el gobierno federal enfrentaron cuestionamientos por la permanencia de un funcionario que posteriormente fue relacionado con actividades criminales.

La exigencia pública fue clara: explicaciones, investigación, comparecencias y rendición de cuentas. El mismo criterio debe aplicarse ahora, sin excepciones, privilegios ni fuero político.

Si la Fiscalía General de la República considera necesario conocer cómo se produjo la incorporación de “La Tripa” al SAPAC, entonces Cuauhtémoc Blanco tendría que ser llamado a declarar.

Y, si para ello se requiere activar mecanismos constitucionales relacionados con su inmunidad procesal, las autoridades competentes tendrían que valorar esa posibilidad conforme a derecho.

Resulta escandaloso descubrir que este criminal, años atrás, formó parte de la estructura gubernamental de la capital del estado, y más grave aún resulta que nadie haya explicado satisfactoriamente cómo ocurrió.

La captura de “La Tripa” abrió una puerta que muchos creían cerrada. Detrás de ella aparece nuevamente una fotografía incómoda.

Y ahora también aparece una nómina, una nómina que pesa mucho más que cualquier fotografía.

Más temprano que tarde, Cuauhtémoc Blanco tendría que ser llamado a cuentas ante la ley.

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