Por JazmÃn López
Morelos frente a una crisis que sigue arrebatando la vida de sus jóvenes
El luto ha vuelto a instalarse en Morelos. La noticia de la localización sin vida de Michelle Itzayana, estudiante de 15 años de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), no solo ha conmocionado a la comunidad educativa y a la sociedad en general; también ha reabierto una herida que permanece sin cerrar.
Michelle salió de su casa el pasado 24 de mayo para comprar material escolar. Como miles de jóvenes en el estado, realizaba una actividad cotidiana, una de esas acciones simples que jamás deberÃan representar un riesgo. Sin embargo, nunca regresó. Tras dÃas de búsqueda, su cuerpo fue localizado en el municipio de Tepoztlán. Hoy, una familia llora su ausencia y una comunidad entera exige respuestas.
Lo más preocupante es que este caso no es un hecho aislado. Michelle es la tercera estudiante vinculada a la UAEM que este año fue reportada como desaparecida y posteriormente localizada sin vida. Antes estuvieron Kimberly Ramos y Karol Toledo, cuyos casos fueron investigados como feminicidios. Tres nombres que se suman a una larga lista de mujeres cuya vida fue truncada en una entidad que continúa enfrentando una grave crisis de violencia de género.
Morelos se mantiene entre los estados con mayores Ãndices de feminicidio en proporción a su población. Las cifras son alarmantes, pero detrás de cada número existe una historia, una familia, un proyecto de vida interrumpido y una sociedad que comienza a acostumbrarse peligrosamente a escuchar estas noticias.
Ante esta realidad, surge una pregunta inevitable: ¿qué tan protegidas están las estudiantes de Morelos?
La SecretarÃa que deberÃa cuidar a las mujeres, participa en mesas de trabajo y promueve programas institucionales. Sin embargo, resulta legÃtimo preguntarse si las estrategias actuales están llegando a tiempo y si las acciones implementadas están respondiendo a la magnitud del problema.
La seguridad de las mujeres requiere la coordinación de autoridades de seguridad pública, fiscalÃas, municipios, instituciones educativas y organismos especializados. Pero también es cierto que en Morelos hay una SecretarÃa que debe ser una de las principales impulsoras de polÃticas preventivas y mecanismos de protección para niñas, adolescentes y jóvenes.
Las estudiantes merecen algo más que condolencias y comunicados frÃos emitidos después de cada tragedia. Vale la pena reflexionar:¿Están funcionando los mecanismos de protección o simplemente estamos reaccionando cuando la tragedia ya ocurrió? ¿Qué resultados concretos pueden presentar las instituciones encargadas de velar por la seguridad y bienestar de las mujeres?
Y la pregunta más dolorosa de todas:¿qué tan seguras están las niñas y jóvenes de Morelos? Porque mientras esa pregunta siga sin una respuesta clara y contundente, cada familia seguirá viviendo con miedo y cada tragedia seguirá recordándonos una deuda que aún no han logrado saldar.
JAZMÃN LOPEZ
ARTISTA, COMUNICOLOGA
REDES SOCIALES @JAAZLOPEZ23

