POR JUAN L.
El. No sé. Algo vino. Y se fue: la desmesura. Job muere (como yo). La matriz de mi madre es repulsión. No debo andar, ni emitir bostezo. De nada. Siempre: nunca. Los diretes. Nihilismo pasivo: la renuncia sin acometimiento.
La autocompasión: la condena del llanto. Egoísmo. No te soporto. El poema duele porque da aborrecimiento.
La náusea de la carne: el cuerpo como desecho: albañar. Decrepitud expuesta: decadencia. Sabines:
“No es que me canse de sufrir, Dios mío,
no es que me canse de esperarte,
pero tengo los ojos llenos de polvo
y me duelen los pasos”.
El agotamiento es detenimiento. Por ineptitud, despliego al poeta: Stéphane Mallarmé
Angustia:
“Hoy no vengo a vencer tu cuerpo, oh bestia pecadora,
en quien los pecados de un pueblo se amontonan,
ni a levantar en tus lúbricos cabellos
una tempestad triste bajo el tedio que vierto.
Yo pido a tus lechos el sueño sin fantasmas
que planea en las cortinas tras tus negros engaños,
y que tú puedas saborear el negro olvido
tú que sabes del no ser más que los muertos.
Pues el Vicio, royendo mi nativa nobleza,
me ha marcado con su esterilidad como a ti;
pero mientras tu pecho de piedra habita un corazón
que el diente de ningún crimen puede herir,
yo huyo, pálido, deshecho, por mi mortaja embrujado,
¡con miedo de morir cuando duermo solo!”.
La muerte…




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