Por Jazmín López
Cada 11 de octubre, el Día Internacional de la Niña nos invita a reflexionar sobre los derechos, las oportunidades y el futuro de millones de niñas en el mundo. Sin embargo, esta fecha también nos obliga a mirar una realidad que persiste: ¿qué futuro podemos ofrecerles si las mujeres continúan enfrentando barreras para ejercer sus derechos, participar en la toma de decisiones y ocupar espacios de poder?
El informe anual de ONU Mujeres advierte sobre el estancamiento e incluso el retroceso de los avances en materia de igualdad de género en distintos países. De acuerdo con las proyecciones señaladas en el reporte, al ritmo actual la igualdad plena entre mujeres y hombres podría tardar hasta el año 2197 en alcanzarse. Una cifra que evidencia la enorme distancia entre los compromisos internacionales y la realidad que viven millones de mujeres.
La preocupación no se limita al acceso a la educación, al empleo o a mejores oportunidades. También se encuentra en la representación política, la impartición de justicia y los puestos directivos, donde la presencia femenina continúa enfrentando obstáculos estructurales.
Uno de los problemas más alarmantes es la violencia contra las mujeres que participan en la vida pública. Las agresiones psicológicas, sexuales, económicas y físicas, así como el acoso y las amenazas en entornos digitales, se han convertido en mecanismos de intimidación que buscan limitar su participación y silenciar sus voces.
Ninguna mujer debería tener que elegir entre su seguridad y su derecho a participar en la política, ejercer una profesión o expresar sus ideas. La violencia política contra las mujeres en razón de género no solo afecta a quienes la enfrentan directamente; también debilita la democracia y limita la representación de las necesidades de la sociedad.
A esto se suma que ocupar un cargo de liderazgo no siempre significa tener las mismas oportunidades para decidir. La distribución de responsabilidades dentro de los gobiernos continúa reflejando estereotipos de género, pues las mujeres suelen concentrarse en áreas relacionadas con los cuidados, la familia y la igualdad, mientras su presencia en sectores como la defensa y la seguridad sigue siendo reducida.
¿Qué significa esto para las niñas de hoy?
Significa que no basta con decirles que pueden alcanzar sus sueños. Es indispensable construir condiciones para que puedan hacerlo sin discriminación, violencia ni limitaciones impuestas por su género.
Las niñas necesitan crecer con referentes femeninos en la ciencia, la política, la justicia, la comunicación, la cultura y todos los ámbitos de la sociedad. Necesitan escuelas seguras, acceso a la educación, libertad para decidir sobre su futuro y la certeza de que su voz merece ser escuchada.
Pero también necesitan que las instituciones garanticen sus derechos y que las familias, las comunidades y los medios de comunicación contribuyan a erradicar los estereotipos que reproducen la desigualdad desde la infancia.
La igualdad no debe entenderse como una concesión ni como una competencia entre mujeres y hombres. Es una condición indispensable para construir sociedades más justas, democráticas y libres de violencia.
En el marco del Día Internacional de la Niña, el llamado es a no normalizar los retrocesos ni permitir que la participación de las mujeres se convierta en un privilegio condicionado por su seguridad o por la aprobación de otros.
Porque cada niña que hoy aprende a defender sus derechos es una mujer que mañana podrá transformar su comunidad. Y para que ese futuro sea posible, no podemos seguir aplazando la igualdad.
Las niñas merecen crecer con derechos; las mujeres, ejercerlos plenamente. La igualdad no puede esperar hasta 2197.

