Todo cambia, nada perece.Ovidio, Metamorfosis
Dr. Juan Federico Zuñiga Ramírez.
Me quedé dormido en el autobús camino a Yecapixtla. Al llegar, descendí todavía envuelto en cierta somnolencia y, mientras leía el periódico, me pregunté si las cosas realmente habían cambiado o si, detrás de sus nuevas apariencias, continuaban siendo las mismas. Aquella pregunta me condujo hasta los tiempos ancestrales, cuando aún permanecía viva la memoria del diluvio.
Se decía que los seres humanos habían dejado de escuchar la medida secreta del mundo y respondían únicamente a las exigencias banales de su ego. La violencia se volvió costumbre; la hospitalidad fue olvidada, la palabra perdió su peso y las promesas de amor eterno se desvanecieron como el humo arrastrado por el viento. Desde el Olimpo, Zeus contempló a aquella humanidad extraviada y decidió abrir las puertas del cielo. Las nubes se desgarraron, los ríos abandonaron sus cauces y el mar avanzó sobre campos, ciudades. Bajo el agua desaparecieron casas y chozas: el diluvio borró caminos, fronteras y memorias, como si el mundo necesitara purificarse de una larga corrupción.
Solo Deucalión, hijo del titán Prometeo, y Pirra, hija de Pandora, reyes de Ftía, en la región de Tesalia, permanecieron con vida. Prometeo intentó protegerlos ante la decisión de Zeus. No pudo detener el castigo, pero su don de previsión le permitió advertir a su hijo acerca del diluvio que se aproximaba. Le aconsejó construir una embarcación resistente, guardar en ella las provisiones necesarias y refugiarse junto con Pirra antes de que las aguas cubrieran la tierra. Gracias a aquella advertencia, ambos sobrevivieron.
Durante nueve días y nueve noches navegaron sobre una tierra convertida en océano, cuando las aguas comenzaron a retirarse, la embarcación encalló en la cima del monte Parnaso, en la región de Fócida. Desde aquella altura, Deucalión y Pirra descendieron a un mundo devastado. No celebraron su salvación; lloraron ante un paisaje sin voces, porque comprendieron que ninguna supervivencia está completa cuando no existe alguien con quien compartirla.
Entonces Hermes, mensajero de los dioses, llegó hasta ellos enviado por Zeus y preguntó a Deucalión qué deseaba, el no pidió riquezas, poder ni vida eterna, sino que la tierra volviera a poblarse. En respuesta a su petición, los dioses les indicaron que cubrieran sus cabezas y arrojaran detrás de ellos los huesos de su madre. Pirra se estremeció, pues creyó que debían profanar los restos de sus antepasados., Deucalión, comprendió el sentido profundo del oráculo: la madre era Gea, la Tierra, y sus huesos eran las piedras.
Cubrieron sus cabezas y comenzaron a caminar mientras arrojaban las piedras por encima de sus hombros, las lanzadas por el perdieron su dureza y adquirieron forma de hombres, las arrojadas por ella se transformaron en mujeres. Así nació una nueva humanidad, con la firmeza de la roca: una estirpe destinada a recordar que vivir significa atravesar las aguas, conservar la esperanza.
El agua, símbolo antiguo del inconsciente, invade el territorio de la conciencia y disuelve las seguridades con las que habíamos construido nuestra identidad una perspectiva Jung, el diluvio expresa la irrupción de contenidos profundos que ya no pueden permanecer ignorados, lo que parecía firme se hunde y lo oculto asciende a la superficie. Frente a esa inundación, la embarcación construida por Deucalión puede entenderse como una imagen del yo que logra contenerse durante la tormenta; es frágil ante la inmensidad de las aguas, pero suficientemente sólida para preservar la vida.
Deucalión y Pirra no dominan el desastre, sobreviven porque aceptan su fragilidad, permanecen unidos y aprenden a escuchar el lenguaje simbólico, el oráculo señala que toda renovación exige relacionarse de otra manera con el pasado. Al arrojar las piedras hacia atrás, la pareja no niega lo ocurrido ni intenta recuperar el mundo desaparecido, recoge los restos y los convierte en posibilidad, V. Frankl nos muestra que no siempre elegimos las circunstancias que nos hieren, pero conservamos la libertad de responder ante ellas y otorgarles un sentido.
Yo soy Deucalión y tu Pirra e incluso la piedra más fría, sostenida por la esperanza, puede aprender de nuevo a latir.
Bibliografía
Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder.
Jung, C. G. (2009). Arquetipos e inconsciente colectivo (M. Murmis, Trad.). Paidós.
Ovidio. (2015). Metamorfosis (A. Ramírez de Verger y F. Navarro Antolín, Trads.). Alianza Editorial.

