La verdadera seguridad comienza antes del feminicidio, no después
Por Jazmín López
El feminicidio de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio académico en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, vuelve a colocarnos frente a una pregunta que incomoda, pero que ya no podemos seguir evadiendo: ¿qué tan seguras están realmente las mujeres en Morelos?
Claudia llegó a nuestro estado para estudiar, conocer y cumplir un proyecto académico. Hoy su familia enfrenta una tragedia irreparable.
Hay que reconocer que, tras el crimen, la investigación avanzó con rapidez: se identificó a un presunto responsable, se obtuvo una orden de aprehensión y posteriormente fue detenido y vinculado a proceso. La coordinación entre autoridades permitió llevar el caso ante la justicia. Pero una detención y una vinculación a proceso no son una sentencia.
Y precisamente por esa capacidad de reacción surge una pregunta todavía más incómoda:
¿Por qué esa rapidez no tendría que existir desde el primer momento en cada caso de una mujer desaparecida, violentada o amenazada?
¿Dónde están los mecanismos de prevención?¿Dónde están las rutas seguras?¿Dónde están las cámaras funcionando?¿Dónde está la respuesta inmediata?¿Dónde están los protocolos que deben activarse antes de que una mujer sea asesinada?
Morelos cuenta con herramientas institucionales. El Código Violeta, por ejemplo, establece una red de establecimientos públicos y privados capacitados para brindar resguardo temporal y contactar a los servicios de emergencia. También existen la Línea de las Mujeres 079, opción 1, el 911 para emergencias y el 089 para denuncias.
Pero tener un programa en una página institucional no basta.
La prevención se mide en la calle, en el transporte, en las escuelas, en los espacios públicos y, sobre todo, en vidas que logran regresar a casa.
Por eso también debemos hablar de las estudiantes y mujeres morelenses que han sido víctimas de desaparición y violencia. Los casos de Kimberly Joselin Ramos, Karol Toledo, Michelle Fuentes, estudiantes de la UAEM, vuelve inevitable la discusión sobre la seguridad universitaria, los mecanismos de búsqueda y la capacidad institucional para responder ante una emergencia.
No se trata de señalar culpables sin pruebas. Se trata de exigir respuestas: ¿qué funcionó?, ¿qué falló?, ¿qué debe corregirse y cuánto tiempo más tendremos que esperar para que esas correcciones sean una realidad?
Las mujeres no necesitamos únicamente autoridades que reaccionen después.
Necesitamos prevención antes del feminicidio: calles iluminadas, cámaras que funcionen, transporte seguro, policías capacitados, protocolos que realmente se activen, instituciones que escuchen y búsquedas inmediatas cuando una mujer desaparece.
No deberíamos estar comparando la respuesta institucional ante una estudiante extranjera con la que reciben las mujeres morelenses.
No deberíamos necesitar esa comparación.
La comparación que Morelos debería estar haciendo es otra: cuántas jóvenes terminaron su carrera, cuántas recibieron una beca, cuántas emprendieron, cuántas se convirtieron en científicas, artistas, profesionistas, empresarias o servidoras públicas; cuántas regresaron a casa después de estudiar, trabajar, asistir a una feria, una fiesta o un evento cultural.
Ese debería ser el panorama de Morelos.
Claudia no debió convertirse en una noticia de alcance internacional para que volteáramos a mirar la violencia que enfrentan las mujeres.
Kimberly, Karol, Michelle no debierón morir para que habláramos de seguridad universitaria.
La pregunta ya no es solamente qué ocurrió después del feminicidio.
La pregunta es qué estamos haciendo antes de que ocurra el siguiente.
Autoridades: la exigencia es clara. Que la rapidez con la que se actuó en el caso de Claudia también exista cuando una mujer desaparece. Que cada cámara funcione. Que cada protocolo se active. Que cada Código Violeta sea realmente un espacio seguro. Que la prevención no sea un discurso.
Las mujeres de Morelos no queremos aprender a sobrevivir; queremos tener la certeza de que podemos vivir.

