Grito de Independencia y silencio de impunidad
Por: Bertha Castañeda
¡Vivan nuestras hermanas y hermanos migrantes!
Resonaron palabras cargadas de soberanía y derechos que suenan vacías ante la realidad: mientras se enaltece su condición, México no ha levantado la voz ni tomado medidas efectivas para proteger a sus connacionales frente a las medidas y avisos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos. Al contrario se está legislando para que mexicanos con doble nacionalidad no accedan a cargos públicos.
¡Viva la dignidad del pueblo de México!¡Viva la libertad!¡Viva la igualdad!
Más de una semana ha transcurrido desde que un grupo de madres instaló su refugio improvisado en la banqueta de Río Pánuco, frente a la Fiscalía General de la República, en CDMX. Casas de campaña, parrillas y mesas forman su hogar temporal, mientras esperan ser escuchadas. Piden que sus familiares sean buscados como personas, no como expedientes olvidados, y aseguran que no se moverán hasta que alguien les abra la puerta.
¡Viva la justicia! ¡Viva la democracia! ¡Viva México libre, independiente y soberano!
En Cuernavaca, el desfile cívico-militar del 216 aniversario de la Independencia se detuvo un momento. Estudiantes de la UAEM y miembros de la Resistencia Estudiantil irrumpieron en la marcha, con carteles que decían “UAEM feminicida” o “Morelos sede del feminicidio”, al grito de “¡Justicia!”. Exigían fin a la violencia de género, tras los crímenes que en este 2026 han quitado la vida a cuatro de sus compañeras: Kimberly Joselin, Karol Toledo, Michelle Itzayana y la estudiante española Claudia Tacoronte. La fiesta patria se cruzó con el dolor real: mientras se celebra la libertad, en las aulas y las calles de Morelos no hay garantía de vida para las mujeres.
Espejito, espejito ¿cuál es tu veredicto?
La imagen que devuelven es la de una gran disonancia: se grita independencia, soberanía y derechos para todos: indígenas, migrantes, mujeres, jóvenes; pero la realidad dentro y fuera de las fronteras es de abandono, impunidad y violencia. Las palabras son altas y solemnes, pero los hechos demuestran que la justicia sigue siendo una promesa incumplida.

