‘Cuautla no está sola’
Por Omar Arizmendi Hernández
X: @om_arh22
Cuautla no llegó a esta situación crítica de la noche a la mañana. Durante años, la delincuencia fue echando raíces, golpeando a familias, comerciantes, empresarios y prácticamente a cualquiera que quisiera hacer su vida en paz. Por eso, cuando la Presidenta Claudia Sheinbaum decidió poner los ojos en este municipio y convertirlo en una prioridad, fue porque había un problema serio que atender y había que entrarle de frente.
El Plan Cuautla nació por instrucción de la Presidenta el pasado 28 de julio, durante su visita a Morelos, y aquí conviene poner los puntos sobre las íes: es una estrategia del Gobierno de México, con participación y coordinación del Gobierno del Estado. La Federación lleva la conducción de esta intervención y Morelos coadyuva desde sus atribuciones, sumando recursos, programas y capacidad operativa. No es, pues, una responsabilidad exclusiva del Estado ni mucho menos una tarea que recaiga en una sola Secretaría.
La idea es atender el problema de manera integral. Sí, hay que combatir a quienes generan violencia, pero también hay que evitar que las condiciones sociales sigan alimentando a la delincuencia. Por eso el plan combina seguridad con bienestar, educación, salud, infraestructura, economía, cultura, deporte, recuperación de espacios públicos y atención a las causas de la violencia.
Para ello, se ha destinado una inversión de 477 millones de pesos para recuperar espacios, fortalecer servicios y generar mejores condiciones para las familias de la región. Y en seguridad, tal como se anunció en la presentación del plan, ya hay resultados: más de 119 personas generadoras de violencia han sido detenidas mediante el trabajo coordinado entre autoridades federales y estatales.
Aquí también hay que reconocer algo: la Gobernadora Margarita González Saravia ha mostrado disposición para entrarle al problema y acompañar la estrategia federal. En la presentación de los avances dejó una frase que resume muy bien el espíritu de la intervención: ‘Cuautla no está sola’.
Y efectivamente, eso es lo que tendría que sentirse en las calles: que hay un Gobierno federal que decidió intervenir de manera prioritaria y un Gobierno estatal dispuesto a poner recursos, programas y trabajo para que la estrategia funcione.
Porque al final de cuentas, aquí no se trata de quién se lleva la medalla, quién sale más en la foto o quién puede presumir que el programa es suyo. Eso, francamente, a la gente de Cuautla le importa un cacahuate. Lo que quiere es vivir tranquila, abrir su negocio sin miedo, mandar a sus hijos a la escuela y regresar a casa sin estar pensando si en el camino se va a topar con la delincuencia.
Por eso todos los participantes tienen que hacer lo que les corresponde y hacerlo bien. Sería grave que alguien se haga güey, trabaje a medias o simplemente deje de cumplir con la parte que le toca. El Plan Cuautla no puede depender de protagonismos y mucho menos de egos.
La Presidenta puso en marcha esta estrategia porque Cuautla necesita atención. El Estado decidió acompañarla y hacer su parte. Ahora toca que todos estén a la altura del problema.
Al final de cuentas, si el Plan Cuautla funciona, no gana la Federación, no gana el Estado y no gana un funcionario. Gana Cuautla. Y eso es lo que verdaderamente importa.
No está de más decir que esto es a título personal.
Fuera de contexto: Las redes sociales ya parecen reunión familiar para el cumpleaños de la abuela donde siempre hay alguien con algo nuevo que contar: todo mundo trae un dato, un rumor y una versión distinta de la historia. Páginas de campaña negra sobran y, para acabarla de amolar, hasta algunos periodistas que se venden como ‘serios’ se prestan al juego. Vivimos en una guerra mediática permanente donde el chisme corre más rápido que la verdad y, entre tanto ruido, la realidad termina siendo la primera víctima.
¡Saludos!

