Jazmín Lopez
En Morelos, la violencia contra las mujeres ya no es una excepción; se ha convertido en una constante que duele, indigna y, lo más preocupante, comienza a normalizarse.
Los titulares ya no hablan de sueños, de logros o de historias de vida. Hablan de mujeres asesinadas, de cuerpos abandonados en calles y carreteras, de ataques armados y de familias que, de un momento a otro, pasan de la esperanza al duelo. Hoy, las mujeres encabezan la nota roja.
El pasado 15 de julio, una mujer fue asesinada mientras circulaba en motocicleta por calles de Cocoyoc, en el municipio de Yautepec. De acuerdo con la información preliminar, se trató de una agresión directa. Veinticuatro horas después, el horror volvió a hacerse presente. Sobre la carretera federal Cuernavaca-Taxco, en Temixco, fue localizado el cuerpo de una mujer dentro de bolsas de plástico y con visibles huellas de violencia.
Dos mujeres asesinadas en menos de dos días. Dos familias destrozadas. Dos investigaciones más que se suman a una larga lista de expedientes que esperan justicia. Y mientras la violencia avanza, las respuestas parecen caminar con una lentitud desesperante.
Las autoridades informan sobre el despliegue de operativos, el acordonamiento de las zonas y el inicio de las investigaciones. Sin embargo, para la ciudadanía esas acciones ya no son suficientes. La exigencia no es únicamente esclarecer los hechos después de que ocurren; la verdadera demanda es impedir que sigan ocurriendo.
La impunidad no sólo lastima a las víctimas y a sus familias. También envía un mensaje peligroso: que la violencia puede repetirse sin consecuencias inmediatas. Cada caso sin resolver, cada investigación inconclusa y cada silencio institucional alimentan la percepción de que la vida de las mujeres sigue sin ser una prioridad.
Que decir de la Secretaría de las Mujeres del Estado de Morelos, una institución que nació con la promesa de fortalecer las políticas públicas para proteger, atender y salvaguardar la vida y los derechos de las mujeres morelenses. Su creación despertó expectativas legítimas entre una sociedad que desde hace años exige acciones contundentes frente a la violencia de género. Hoy, esas expectativas también implican una enorme responsabilidad. Porque las mujeres de Morelos necesitan mucho más que una nueva estructura administrativa: necesitan resultados, estrategias eficaces y una coordinación real entre todas las instituciones encargadas de prevenir, atender y erradicar la violencia.
Morelos permanece bajo una Alerta de Violencia de Género desde hace años. Aun así, los asesinatos de mujeres siguen ocupando espacios cotidianos en los medios de comunicación. Cada nueva víctima representa el fracaso de un sistema que continúa reaccionando después de los hechos, cuando lo verdaderamente urgente es prevenirlos.
No podemos acostumbrarnos a leer estos titulares como si fueran parte de la rutina. No podemos permitir que cada asesinato se convierta en una cifra más o en una noticia que será reemplazada al día siguiente por otra tragedia similar.
Porque mientras las autoridades siguen hablando de investigaciones, protocolos y mesas de trabajo, las familias continúan esperando justicia y las mujeres siguen viviendo con miedo.
Morelos no puede seguir acostumbrándose a que las mujeres sean noticia únicamente cuando les arrebatan la vida. El verdadero reto no está en informar sobre cada crimen, sino en construir un estado donde ninguna mujer tenga que convertirse en el siguiente titular.

