¿Ruptura en la Cuarta Transformación?
Omar Arizmendi Hernández
X: @om_arh22
Hay frases que no necesitan nombre y apellido. ‘Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación’, escribió la Presidenta Claudia Sheinbaum. Y, por si faltaba claridad, habló también de la ‘ambición desnuda del poder por el poder’. El mensaje cayó como balde de agua fría en Sinaloa y, aunque la Presidenta no mencionó a nadie, el contexto hizo que todos volteáramos a ver al mismo lugar.
La historia es conocida, pero vale la pena ponerla en orden porque en política, cuando uno no cuenta los hechos, otros se encargan de rellenar los huecos con rumores.
Rubén Rocha Moya había solicitado licencia al cargo de gobernador y llevaba 112 días separado de sus funciones. En ese tiempo, según sus propios argumentos, se puso a disposición de las autoridades ante las investigaciones relacionadas con los señalamientos que pesan sobre su administración. Concluyó que no existían elementos para acreditar una responsabilidad penal en su contra y decidió regresar a la gubernatura.
Hasta ahí, uno podría decir: si consideró que como ‘nada debía, pues nada temía’, entonces no tiene impedimento para ejercer un cargo y planear su regreso.
El pequeño detalle —y aquí está el meollo del asunto— es que las investigaciones no estaban cerradas. La propia Secretaría de Gobernación señaló que las carpetas continuaban abiertas y que la decisión de regresar fue personal.
Entonces viene la pregunta incómoda: ¿era necesario regresar en ese momento?
No estamos diciendo que Rocha Moya sea culpable. Una investigación no es una sentencia y nadie debería ser condenado en la plaza pública antes de que las autoridades determinen responsabilidades. El debido proceso se llama así precisamente porque debe respetarse para todxs.
Pero tampoco podemos caer en el extremo contrario: que estar sujeto a una investigación deje de tener cualquier consecuencia política o que el simple hecho de pertenecer al mismo movimiento obligue a cerrar filas sin hacer preguntas.
Porque los cargos públicos no son propiedad de quien los ocupa. Son una responsabilidad temporal y, cuando existe una situación que genera dudas razonables, la prudencia también es una forma de gobernar.
Lo más peculiar vino después. Rocha Moya regresó a sus funciones y apenas 34 horas después volvió a solicitar licencia por tiempo indefinido. En política, 34 horas pueden parecer una eternidad, pero también pueden ser suficientes para dejar clarísimo que algo no estaba caminando como se esperaba.
Aquí también hay que ponerle freno a la rumorología. Ya aparecieron quienes quieren vendernos la película de una ruptura entre Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, de una fractura dentro de Morena y hasta del supuesto principio del fin de la Cuarta Transformación.
¡Calma coita! Una cosa es que la Presidenta haya marcado distancia con una decisión que consideró imprudente y otra muy distinta es inventar una ruptura que no está sustentada en hechos.
De hecho, hay algo que sí merece reconocerse: la Presidenta Claudia Sheinbaum no salió a defender una decisión solamente porque quien la tomó pertenece al mismo movimiento. Dijo que no estaba de acuerdo con el regreso de Rocha Moya y dejó claro que ningún interés personal puede estar por encima del interés público.
Eso no es necesariamente una ruptura. También puede ser algo mucho más sencillo y saludable: poner límites.
La política mexicana nos acostumbró durante décadas a que ‘a los amigos, justicia y gracias; a los enemigos, la ley a secas’, y cuando uno de los nuestros se metía en problemas, había que cerrar filas, encontrar culpables afuera y echarle tierra al asunto. La transformación tendría que significar justamente lo contrario: que nadie tenga patente de corso por militar en un partido, por tener cercanía con un liderazgo o por ocupar un cargo público.
Rocha Moya tendrá que responder ante las autoridades por lo que corresponda y, mientras tanto, merece el mismo debido proceso que cualquier ciudadano. Pero también debe entenderse que la prudencia política importa, especialmente cuando hay investigaciones abiertas y cuando una decisión personal puede terminar generando un problema institucional.
Al final, quizá las 34 horas de aquella gubernatura nos dejaron una lección bastante sencilla: el poder no es propiedad de nadie. Se presta, se ejerce y, cuando las circunstancias lo exigen, también se debe saber cuándo hacerse a un lado.
No está de más decir que esto es a título personal.
Fuera de contexto: Las redes sociales tienen memoria de elefante: lo que publicaste hace años, ahí se queda, aunque hoy seas otra persona y hayas cambiado de opinión. Uno puede reformarse, madurar y hasta cambiar de ideología partidista, pero publicación dada, ni Dios la quita. Aplica para todas, todos y todes.
6×6: A lo mejor exageramos si se habla de que estamos en una «nueva época dorada» de la lucha libre mexicana, pero sin duda vivimos un boom como no se veía en años.
El gran momento de AAA y el CMLL, sumado a las plataformas digitales y redes sociales donde hoy podemos ver e interactuar con nuestros ídolos, hizo que la afición se volviera a encender. Lo mejor es que eso ya se nota en Morelos y cada vez hay más visitas de estrellas de los encordados.
Este fin de semana se presenta el evento Lucha Libre pa’la Razza, en el que destacan Cibernético, Chessman y Puma King contra La Puerquiza Extrema. El Ciber está lejos de su mejor época, pero aún es un imán de taquilla y genera interés verlo frente a una de las facciones independientes más polémicas.
El 5 de septiembre, el talento de AAA regresa a Emiliano Zapata. No es sorpresa, pues sus últimas presentaciones en Morelos han sido exitazos. Esta vez traen un cartel muy completo con Psycho Clown, Pagano, Mr. Iguana, La Parka, Daga, La Catalina, Lady Shani y Las Tóxicas.
Para el 15 de septiembre, la Comisión Morelense de Lucha Libre y JJ Productions planean dar el Grito en el Teatro Ocampo. Estarán luchadores como Texano Jr., Niño Hamburguesa, Mamba, Valentino, Wisin el Dog y Julissa Mexa. Será curioso ver cómo nuestro histórico recinto se convierte en una arena de lucha libre por una noche.
No hay que dejar de lado a empresas locales como la Fraternidad de Damián el Salvaje, la Alianza Nacional de Lucha Libre y Promotora Gala, que llevan tiempo trabajando duro y con mucha pasión para que la afición siga disfrutando de la magia del costalazo.
Ojalá siga la tendencia, para ver si podemos llenar, aunque sea un poquito, el enorme vacío que tenemos desde que cerró sus puertas la Arena Isabel.
¡Saludos!

