En Monterrey, con el mes patrio de fondo y la frontera a unas horas de carretera, Claudia Sheinbaum Pardo eligió una frase corta para responder a Donald Trump sin nombrarlo del todo. México, dijo, aspira a una buena relación con su vecino del norte. “Cooperación siempre, subordinación nunca”.
El recuento no fue casual. La presidenta enumeró episodios que calificó de “muy especiales” en la historia bilateral: Benito Juárez y Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt y Lázaro Cárdenas, y el primer periodo de Trump con Andrés Manuel López Obrador. No ofreció copiar aquel trato. Lo situó como un antecedente más, dentro de un discurso de gira por las 32 entidades, y dejó en claro el límite: diálogo, sí; sometimiento, no.
La puntualización llega días después de que, en el Despacho Oval, el presidente estadounidense redujera la oferta comercial de México a “tamales picantes y tomates”. Según Trump, Washington “pierde” unos 195 mil millones de dólares al año con su socio del sur y, de cortar el intercambio, “no perdería nada”. Añadió, en el mismo aliento, que no piensa romper el comercio porque se lleva “muy bien” con Sheinbaum y la respeta. “Tenemos petróleo. Lo tenemos todo”, insistió.
El contraste es el de siempre en esta relación: la retórica de la Casa Blanca y los números del comercio.
Lo que México sí vende
La cifra que usa Trump se parece al déficit de bienes que reporta el propio gobierno estadounidense. En 2025, Estados Unidos importó de México 534 mil 874 millones de dólares y le exportó 337 mil 960 millones. El saldo negativo para Washington fue de 196 mil 913 millones. El intercambio total llegó a 872 mil 834 millones de dólares: el 15.6 por ciento de todo el comercio de mercancías de Estados Unidos, por encima de Canadá y de China. México se consolidó como su primer socio comercial.
Ese flujo no se explica con un puesto de antojitos. De acuerdo con datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, compilados por la Embajada de México en Washington, el primer rubro que ese país compra a México no es el jitomate. Son máquinas automáticas para procesamiento de datos: 90 mil millones de dólares en 2025, el 16.8 por ciento de las importaciones estadounidenses desde territorio mexicano. Siguen los automóviles de pasajeros (44 mil millones), las autopartes (35 mil) y los vehículos de carga (34 mil). Aparecen también cables aislados, aparatos de telefonía, equipo médico y quirúrgico, televisores y, más abajo, petróleo crudo.
La industria automotriz sigue siendo un eje de la integración. México es el principal proveedor de Estados Unidos en vehículos de pasajeros, autopartes y camiones. En conjunto, el comercio automotriz bilateral superó los 200 mil millones de dólares en 2025. Al mismo tiempo, las exportaciones tecnológicas mexicanas —servidores, tarjetas madre, componentes para centros de datos— crecieron con tal fuerza que, por primera vez, el equipo de cómputo desplazó a los autos nuevos como el principal producto de exportación.
El ritmo no se detuvo en 2026. En el primer semestre, las ventas mexicanas a Estados Unidos sumaron 298 mil 200 millones de dólares, 13 por ciento más que un año antes, pese a aranceles sectoriales y a la incertidumbre de la revisión del tratado. En julio, México registró un superávit mensual de 26 mil 310 millones de dólares con su vecino, el más alto entre todos los socios comerciales de Washington.
El déficit que Trump exhibe como pérdida no es un saqueo unilateral. Una parte sustancial de lo que cruza la frontera hacia el norte lleva contenido estadounidense: autopartes, semiconductores, granos, combustibles refinados. El comercio México-Estados Unidos es, en buena medida, una sola fábrica partida en dos.
El T-MEC, en fase de revisión anual
Esa fábrica opera bajo un tratado que ya no tendrá la prórroga larga que México y Canadá pedían. El 1 de julio de 2026, en la reunión virtual de la Comisión de Libre Comercio, Washington informó que no está en condiciones de extender el T-MEC hasta 2042. El acuerdo sigue vigente, pero entra en un carril de revisiones anuales durante una década, con horizonte de 2036 si no hay un nuevo pacto.
Las mesas no se han cerrado. Marcelo Ebrard y el representante comercial Jamieson Greer encabezan las rondas bilaterales. Hubo encuentros en mayo en la Ciudad de México, en junio en Washington y otra vez en julio en Palacio Nacional, donde Greer se reunió también con Sheinbaum. La cuarta ronda quedó agendada en Washington para la primera quincena de septiembre. Sobre la mesa están las reglas de origen, el sector automotriz, el acero y el aluminio, la agricultura, el trabajo, los pagos electrónicos y lo que Washington llama “seguridad económica”: menos dependencia de insumos asiáticos y más producción en América del Norte.
México ha reducido la lista de pendientes —de más de cincuenta temas a una catorceava parte, según el propio gobierno— y sostiene que el déficit y la pérdida de empleos manufactureros en Estados Unidos se atienden mejor con integración regional que con el recorte del comercio. Estados Unidos, en cambio, usa la revisión anual como palanca. El tratado no se cayó. Quedó sujeto a examen constante.
Diecisiete llamadas y una frontera
Sheinbaum no llega a esta semana de vacío. En su Segundo Informe, el 1 de septiembre, reconoció que la relación “ha tenido sus dificultades” y dijo confiar en un entendimiento en seguridad y comercio. El documento de esa rendición de cuentas registra 17 llamadas telefónicas con Trump desde el inicio de su gobierno, además de reuniones con el gabinete estadounidense, gobernadores y el Congreso de ese país. También ha admitido tensiones puntuales, como la amenaza arancelaria del arranque del segundo mandato de Trump, pospuesta tras acuerdos que la propia presidenta ha descrito en conferencia.
El mensaje de Monterrey forma parte de la gira de septiembre por los informes estatales: Morelos, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes, Colima, Jalisco y, después de Nuevo León, Saltillo. Hablar de Estados Unidos en una entidad industrial de la frontera no es un adorno retórico. Es recordar, en el mes de la independencia, que la soberanía se discute ahora en aduanas, reglas de origen y cadenas de valor.
Trump puede seguir diciendo que México no tiene nada que ofrecer. Las aduanas de Texas, Michigan y California cuentan otra historia: computadoras, autos, arneses, equipo médico, camiones y, sí, también tomates. Sheinbaum eligió no pelear la frase con otra frase. Eligió el marco político que su gobierno quiere sostener mientras Ebrard y Greer siguen sentados a la mesa: cooperar, comerciar y no subordinarse.

