POR RAY CARDENAS
LA TIERRA QUE NOS UNE…
EN LA DECEPCIÓN
Arrancamos la semana con una noticia que parecía sacada de una serie de suspenso de bajo presupuesto: finalmente cayó Jesús Corona Damián. Captura, entrega, descuido, traición o alineación de astros; escoja usted la versión que más le guste. Lo cierto es que, después de tanto ruido, la noticia llegó.
Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿la justicia mexicana tiene GPS político? Porque cuando se trata de ciertos personajes, llega en motocicleta, patrulla y conferencia de prensa; pero cuando se trata de otros, se pierde más que turista sin datos en el Centro Histórico.
Mientras tanto, México sigue viviendo en una realidad alterna donde la presidenta sale a celebrar la democracia, la transformación y los grandes avances nacionales, mientras los ciudadanos hacen malabares para pagar la gasolina, el mandado, la renta y la paciencia.
La llamada rendición de cuentas terminó pareciéndose más a un festival de autoelogios. Una especie de ceremonia donde el gobierno se entrega medallas a sí mismo y luego se aplaude por haber recibido el reconocimiento.
Y aquí en Morelos no nos quedamos atrás.
Porque si algo sabemos hacer es convertir los problemas en espectáculos y los espectáculos en estrategia de gobierno.
Resulta que el encargado de la Oficina de la Gubernatura decidió tomarse un mes de vacaciones. Un mes completo. Porque aparentemente el estado está tan bien gobernado que ya funciona en piloto automático.
Y la gobernadora, lejos de alarmarse, parece haber concluido que el descanso también es una forma de servicio público.
Quizá el próximo informe de gobierno incluya nuevas metas:
— Vacacionar más.— Resolver menos.— Sonreír para la foto.— Y esperar que nadie haga preguntas incómodas.
Pero el momento cumbre llegó en la Plaza de Armas.
Ahí donde antes llegaron mujeres a exigir justicia.
Ahí donde llegaron estudiantes a exigir respuestas.
Ahí donde llegaron transportistas a exigir soluciones.
Ahí donde llegaron ciudadanos a exigir gobierno.
Y donde normalmente recibieron silencio, indiferencia o vallas metálicas.
Esa misma plaza se llenó ahora de entusiasmo institucional para enviar saludos, aplausos y muestras de cariño político.
Porque en Morelos las exigencias incomodan, pero los eventos lucen muy bien en fotografía.
La realidad es maravillosa cuando se observa desde el dron oficial.
Desde arriba todo parece ordenado.
Desde abajo la historia cambia.
Las calles siguen rotas.
La inseguridad sigue presente.
Los servicios públicos siguen igual.
Y la paciencia ciudadana sigue agotándose.
Pero no importa.
Siempre habrá un evento, un discurso, una ceremonia o una transmisión en vivo para convencernos de que estamos viviendo una transformación histórica.
Tan histórica que ya ni siquiera se parece a la realidad.
Y mientras el gobierno organiza festivales de optimismo, los morelenses siguen preguntándose una cosa muy sencilla:
¿En qué momento gobernar dejó de ser resolver problemas y se convirtió en producir eventos?
Porque si de producción se trata, merecen un premio.
Si de propaganda se trata, una nominación.
Pero si de resultados hablamos, ahí sí comienza la función de magia:
desaparecen.
Y hablando de lecciones históricas, alguien debería recordar que imponer candidatos desde Palacio suele salir mal.
Muy mal.
La historia de Morelos está llena de ejemplos.
Pero como la memoria política dura menos que una tendencia en redes sociales, cada sexenio alguien cree haber descubierto la fórmula secreta que todos los demás ya intentaron.
Spoiler: tampoco funciona.
Hoy Morelos vive atrapado entre la narrativa oficial y la realidad cotidiana.
Una narrativa que asegura que todo va bien.
Y una realidad que insiste, tercamente, en demostrar lo contrario.
Así llegamos al final de esta semana.
Con más propaganda que resultados.
Con más discursos que soluciones.
Con más fotografías que respuestas.
Y con un gobierno que parece convencido de que administrar percepciones es exactamente lo mismo que gobernar.
No lo es.
Pero en la tierra de la simulación, cualquier cosa puede parecer transformación. Aunque para la mayoría de los ciudadanos se parezca cada día más a una decepción.




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