Por Jazmín López*
Hay cifras que deberían estremecer a cualquier sociedad, pero en México pareciera que nos estamos acostumbrando a vivir entre ellas. Más del 70% de las mujeres mexicanas ha vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Detrás de ese porcentaje no hay números fríos: hay historias, silencios, miedo y heridas que muchas veces nunca sanan.
Resulta alarmante que, pese a los avances legislativos y al discurso constante sobre igualdad y derechos, los feminicidios, la trata de personas, las desapariciones y la violencia sexual contra niñas y adolescentes continúen creciendo o manteniéndose como una realidad cotidiana. La pregunta inevitable es: ¿qué estamos haciendo mal como sociedad?
Las leyes son necesarias, sí. Son herramientas fundamentales para garantizar justicia, pero no bastan cuando existe impunidad, indiferencia institucional y una cultura que sigue normalizando distintos tipos de violencia contra las mujeres. De poco sirve endurecer penas si las víctimas siguen teniendo miedo de denunciar o si muchas carpetas de investigación terminan archivadas sin resultados.
También preocupa la deshumanización con la que consumimos estas noticias. Cada desaparición dura unas horas en redes sociales, cada feminicidio genera indignación momentánea y después llega el olvido. Nos hemos vuelto espectadores de una tragedia permanente.
La violencia contra las mujeres no distingue edad, condición económica ni profesión. Está presente en las calles, en los hogares, en internet y, muchas veces, dentro de las propias instituciones que deberían protegerlas.
Hoy más que nunca se necesita educación, prevención y una verdadera transformación social que enseñe respeto, igualdad y empatía desde casa. Porque mientras las cifras sigan creciendo, no podemos hablar de un país seguro ni justo para las mujeres.
Y entonces vale la pena preguntarnos: ¿cuántas mujeres más tienen que desaparecer para dejar de normalizar la violencia?, ¿cuántas niñas más tendrán que vivir con miedo para que las autoridades actúen con verdadera responsabilidad?, ¿en qué momento dejamos de indignarnos y comenzamos simplemente a sobrevivir entre cifras altas de violencia de género y feminicidios?
*Lic. En Artes y Comunicóloga
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