Jesús Sedano
Para estos días de noviembre,
la Catrina se deja ver, coqueta y elegante.
Rodeada de folclor, olor, color
y, porta un vestido por cada región.
Al pasar por el estado de Morelos,
dijo, estar en la Eterna Primavera.
Recorrió, el Palacio de Cortés;
pasó por Catedral y Jardín Borda.
Visitó los pueblos mágicos de nuestro estado.
Tlayacapan y Tepoztlán, junto a sus chinelos,
sones y su música de viento,
no dejó de mover sus huesitos.
Decidió descansar un rato,
sentada alrededor del tlecuil,
entre itacates, tamales y un café de olla.
Expresó, qué hermoso es convivir.
Acompañado de su fiel xoloitzcuintle,
caminó por los altos de Morelos.
Llegó a Hueyapan comunidad indígena,
hasta un rebozó se compró.
Ya cubierta con esta prenda,
por los santuarios transitó,
sin dejar de comer alegría y palanqueta.
Un pancito de recuerdo, a su canasta echó.
Los caminos de Zapata, quiso visitar.
El sonido de su carreta, se escuchó por esas tierras.
Entre corridos surianos, el bailongo se armó.
Y, con aguardiente brindó, por Zapata y su gente.
A las alfareras de Cuentepec, pueblo nahua.
Les pidió un mole verde y tamales de ceniza.
Que acompañó con un pulque de Huitzilac;
de Zacualpan se llevó, aguardiente para repartir.
Antojo de una mojarra, de la laguna de Coatelco.
Su visita a casa de Mamá Teo.
Aprovecho para invitarla,
por una nieve de Alpuyeca.
La muerte vestida de Catrina,
por Morelos la vimos pasar.
Gracias por tu visita,
pero debes de regresar al Mictlán.
Contenta te contemplamos,
comida y bebida vuelve pronto.
Los morelenses te ofrendamos,
como los tatas nos enseñaron.
En Resumen te dedicamos
Esta calaverita literaria,
Hasta pronto nos encontramos,
Sí es que, sigo de colaborador.

