Por Otto Alberto Pérez
El Centro de Identificación Humana de Xochitepec, inaugurado en 2022, sigue sin operar. El 20 de septiembre lo recorrió la Federación. En las fosas de Jojutla la Fiscalía reporta periciales; las familias cuentan dos nombres.
Hay un edificio en Xochitepec que ya tiene cuatro años de historia y ninguna lista de identificados. El 20 de septiembre la comisionada nacional de Búsqueda lo recorrió con el comisionado estatal, el fiscal especializado en desaparición y un enviado de Gobierno. El boletín oficial lo describe como proyecto estratégico “una vez que entre en operación”. La frase no es un detalle. Es el estado del asunto.
El centro se inauguró en 2022. Dejó de funcionar. En 2025 el propio comisionado Óscar Valdepeña situó la reapertura “en 2026”, sin día. En marzo, el secretario de Gobierno reportó 73 millones ya ejercidos y 31 millones federales pendientes de equipamiento. Diez de septiembre: 176 reportes activos de personas no localizadas en lo que va del año. Veinte de septiembre: otra visita. El laboratorio no procesa.
Esa espera no es un retraso de obra. Es la misma fila que las familias recorren en el panteón Pedro Amaro de Jojutla. Desde 2017 hay intervenciones sobre inhumaciones atribuidas a la propia Fiscalía. En 2026 hubo quinta y sexta fase. El 22 de mayo el fiscal Fernando Blumenkron informó a los colectivos un 73 por ciento de avance en dictámenes —fotografía, medicina, antropología, genética, criminalística—. Eso mide papeles emitidos. No mide identidades restituidas.
Blumenkron acudió a la fosa. Proceso registró que sus dos antecesores inmediatos, Uriel Carmona Gándara y Édgar Maldonado, no lo hicieron en diligencias previas. El 24 de agosto el fiscal especializado Alberto Belmont explicó ante la ONU-DH que la genética es un reto por el tiempo que los cuerpos llevan en el sitio. Tampoco publicó un porcentaje de identificados. Al cierre de la sexta intervención, el colectivo Ángeles Buscándote cifró 228 cuerpos recuperados en Pedro Amaro y dos identificaciones oficiales. La Fiscalía no ha sustituido esa cuenta con otra.
El patrón ya estaba en Tetelcingo: 119 cuerpos exhumados, 15 identificados. La institución suma fases, carpetas de hallazgos e indicios con “partes vitales” para ADN. Lo que no publica es el padrón de nombres devueltos. Un porcentaje de periciales puede crecer sin que crezca el número de familias que dejan de buscar en la fosa.
El 2 + 2 que no cierra es este: hay exhumación, hay mesa, hay recorrido, hay porcentaje de periciales. Falta el nombre. El centro que debería acortar esa distancia se enseña a las comisionadas y no abre. No hace falta atribuir dolo a un apellido. Basta el intervalo 2022-2026: tres administraciones de la carpeta de desaparición, un inmueble pagado en parte, 176 casos abiertos este año y un panteón que entrega restos más rápido de lo que el Estado entrega identidad.
Mientras el laboratorio no emita el primer perfil, la coordinación que se fotografía en Xochitepec es un hecho administrativo. La certeza que piden las familias es otro. Se llama lista. Todavía no está.

