POR DR. ÁNGEL DARIÉN ZAPATA MARÍN
Amigo lector, esta semana iniciamos farmeando aura, para descubrir cuál de las distintas plumas que habitan este espacio es la que realmente merece la admiración, carisma, prestigio, reconocimiento y, por supuesto, unos cuantos puntos de aura. Todo ello con la finalidad de obtener la mayor validación posible por la increíble postura de las letras, el estilo, la compostura y, sobre todo, la capacidad para transmitir una idea como si de ello dependiera el destino de la humanidad.
Y es que, amable lector, hoy he decidido competir directamente con Rocha Moya y su extraordinaria aparición para farmear aura. Aunque, siendo honestos, resulta difícil afirmar que haya ganado demasiado prestigio, carisma o admiración con los movimientos y posturas que realizó durante las breves horas en que nuevamente estuvo en el Palacio de Gobierno de Sinaloa. Algunos dirán que aquello fue un regreso “six-seven” a la gubernatura, o en español, “6-7” como la generación Alpha y Z lo entienden en las aulas, todo un suceso -ironía-.
Pero no solamente en Sinaloa se ha descubierto el potencial político de las posturas. En San Cristóbal de las Casas, unas mujeres tzeltales de la comunidad de San Gregorio fueron presuntamente sancionadas con 55 mil pesos y 22 rejas de refresco, luego de utilizar un generador de electricidad a base de gasolina para abastecerse de agua de un pozo, precisamente durante estos días en que las lluvias escasean y el agua también. Ante tan insólita sanción, solicitaron la intervención del alcalde Huet Álvarez, quien, según lo reportado, no solamente habría omitido brindarles una respuesta favorable, sino que además ordenó retirarles los servicios de luz y agua y reiteró la exigencia de pagar los 55 mil pesos y entregar las 22 rejas de refresco.
Quién sabe, amable lector, tal vez el alcalde y el representante comunitario simplemente intentaban farmear aura de una manera tan alternativa que las mujeres tzeltales no alcanzaron a comprender la estrategia. Ni modo no ganaron puntos aura.
Y es que este mundo se está volviendo particularmente difícil de entender. Mire usted: ahora en Morelia se popularizó otro evento insólito. Resulta que sacaron a pasear plátanos como si fueran mascotas. Sí, amable lector, plátanos. Todavía no sabemos si estamos ante el nacimiento de una nueva tendencia nacional o si, por fortuna, el fenómeno decidió estacionarse exclusivamente en aquel estado de la República.
¿Y por qué ocurre todo esto?
Tal vez la gente simplemente está cansada del mundo y de las cosas que suceden en él, porque uno ve las noticias y encuentra situaciones que parecen sacadas de una película de terror surrealista para ejemplo: una madre enfermera, ahorcó a sus tres hijos, todos menores de edad, incluso uno de meses -ocho meses-, para después intentar matarse quedando paralitica (saltó por la ventana del segundo piso, luego de hacerse diversas heridas punzo cortantes), ahora cuando está por resolverse su situación jurídica un colectivo activista pide que no sea sentenciada por la muerte de esos niños, y es que se desconoce que fue lo que la motivó sin duda para cometer tal atrocidad, sin embargo alegan que no debe enfrentar ningún cargo por locura temporal (psicosis post parto), todo ello mientras que esos tres inocentes, pues…. ya no pueden opinar más.
Y quizá ahí comienza precisamente la dificultad para entender el mundo.
En Morelos también se intentó farmear aura en algunas conocidas plazas comerciales —una de ellas cercana al Boulevard del Lago—, donde los cuerpos de seguridad de esos establecimientos hicieron acto de presencia y evitaron que se desarrollara aquella singular batalla en la que los jóvenes disfrutaban de sus movimientos y de la competencia, tal vez alguien se enteró de lo ocurrido en Chiapas, o de lo sucedido en Sinaloa, y decidieron que aquel lugar no debía alcanzar notoriedad por las razones equivocadas.
Aunque, si hablamos de lugares que terminaron siendo conocidos por razones equivocadas, cabría recordar también un caso del Hospital del ISSSTE en Zapata, donde una paciente, después de muchas semanas y de una lucha constante por aferrarse a la vida, finalmente dejó este mundo a principios de este mes. Hoy su familia y esposo -un destacado profesor jubilado y miembro respetable de la comunidad-, ya no puede celebrar 50 años de matrimonio, sus nietos e hijos tampoco pueden abrazarla, todo porque -denuncian sus familiares- el galeno encargado de este caso nunca se presentó; y, es que el nosocomio la recibió en urgencias donde estuvo varios días en una silla de ruedas con suero, mientras que otros pacientes provenientes de otro Estado (Guerrero) accedían a las camas con prioridad; paciente quien fue dada de alta de manera irregular para inmediatamente después ser ingresada nuevamente de urgencia, pero ahora en un hospital privado, lugar donde finalmente no logró seguir con vida. ¿Porque paso esto? ¿Acaso el medico tratante estaba más interesado en conseguir más prestigio con sus colegas del nosocomio, y decidió farmear aura en vez de atender a sus pacientes?
¿Cómo se supone que debemos entender y enfrentar un mundo tan ilógico?
Un mundo en el que servidores públicos, políticos y personas comunes convivimos simultáneamente en un escenario que por momentos parece completamente surrealista.
¿Por qué habría que criticar a una juventud que no está ciega ante el mundo que le ha tocado vivir, que intenta comprenderlo y transformarlo en algo mejor, pero que también necesita, de vez en cuando, hacer cosas absurdas o simplemente escapar durante unos minutos de una realidad que parece cada vez más difícil de cambiar?
Ellos conocen el mundo que les tocó vivir, lo padecen y también están intentando encontrar alguna manera de soportarlo. Quizá por eso inventamos símbolos, juegos, modas, movimientos y pequeñas ceremonias colectivas; tal vez porque, cuando no podemos transformar la realidad exterior, al menos podemos modificar durante unos minutos la realidad que compartimos con quienes están cerca de nosotros.
¿Acaso esa no ha sido siempre la lógica del juego?. Cambiar mediante el símbolo aquello que no podemos hacerlo directamente en la realidad. Aunque sea solamente por un momento, únicamente entre quienes participan, mientras el mundo exterior permanezca exactamente igual.
Desde esa perspectiva amable lector, pregúntese usted y pregúntele también a sus familiares y amigos, ¿quién estaba realmente convencido de la funcionalidad y pertinencia del registro de líneas telefónicas? Probablemente muy pocos.
Ahora pregúntese algo más importante: ¿Qué podía hacer realmente el ciudadano frente a ello?, ¿Litigarlo?, ¿Existían bases jurídicas suficientemente sólidas para sostener que el mecanismo sería invalidado?, esto si en su diseño las disposiciones fueron cuidadosamente construidas con una calculada ambigüedad que dificultaría precisamente su combate mediante el litigio constitucional.
No siempre tenemos las herramientas para cambiar aquello que nos preocupa, quizá esa sea una de las partes más frustrantes de vivir en sociedad: descubrir que tener una opinión, incluso tener razón, no necesariamente significa tener el poder suficiente para modificar las cosas.
Por eso, amable lector, farmear aura no es una actividad tan absurda después de todo, tal vez sea una pequeña forma de resistencia, una manera de decir: esto me parece absurdo, esto me preocupa, esto me indigna, pero todavía puedo reírme de ello contigo; y es que cuando las grandes herramientas para transformar la realidad parecen lejanas o inaccesibles, lo único que nos queda a corto plazo es construir pequeños espacios donde todavía podamos reconocernos con la familia, con los camaradas y posiblemente con algunos desconocidos que también nos entiendan y, por solo unos momentos, compartan ese sentimiento de hartazgo e incertidumbre que mediante posturas y movimientos singulares… como el yoga, por cierto… buscamos menguar esa “insoportable levedad del ser”, como diría Milan Kundera, en la que, por unos minutos, algún extraño también decidió que el mundo podía esperar.

