POR JUAN LAGUNAS P.
El verduguillo de Ockham escinde… Se adosa al trance espiritual de hoy. Devastación: “pluralitas non est ponenda sine necessitat”. Abril, un vagabundeo desacostumbrado: en la desdicha.
Eliot opera con una navaja invisible. En “Los hombres huecos” presiente:
“Nuestras voces secas, cuando
susurramos juntos,
son silenciosas e insignificantes
como el viento en la hierba seca…”.
¿Qué atadura tiene este bardo con el sofista antedicho?: el objetivo continuado; el contiguo de substancias: una sucesión de crónicas de nada. No avanzo. Detesto lo invariable: un franciscano ockhamista. Las abstracciones abstrusas andadas…
Celorio. La mínima locución. “He medido mi vida con cucharillas de café”.
La Navaja de Ockham exige eliminar las hipótesis innecesarias; el punto neutral seguido de Eliot elimina la retórica innecesaria para que la emoción impacte con la fuerza de un axioma preciso. En el inicio de “Burnt Norton”, el poeta:
“Tiempo presente y tiempo pasado
están ambos quizá presentes en el tiempo futuro,
y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado”.
El no entendimiento está aquí: la distribución lineal del turno. Me mareo en la cofradía (con Ale). He estado. El floreo. La rebusca que no va. Los alentadores: sin tendencia. La inútil tasación de la tenebrosidad del sábado. Desilusionado.
El loto se abre… se llena de luz: agua que no tengo: un cuarto de mes muerto. El conato de argucia: la perfidia innombrable. En “La canción de amor” J. Alfred Prufrock) hay un pájaro:
“Vamos entonces, tú y yo,
cuando la tarde se extiende contra el cielo
como un paciente anestesiado sobre una mesa;
vamos, por ciertas calles medio desiertas,
los refugios murmurantes
de noches de una noche en hoteles baratos…”.
Estos versos rompen con la tradición romántica del siglo XIX. La tarde ya no es un espacio de contemplación mística o belleza bucólica; es un cuerpo enfermo, inerte, privado de voluntad. Esta apariencia: el camuflaje. La obcecación de la reprimenda es un punto de conexión de salvaguardia. Aplaza el momento de enfrentarse a la vida.
La mente se engulle: anula el instante: Las piernas y los brazos, delgados. Revelo mi cerote: barboquejo de Moebius.




Dejar un comentario