Jazmín López
En medio de una sociedad que avanza aceleradamente entre la tecnología, las redes sociales y las preocupaciones diarias, pocas veces nos detenemos a pensar en las niñas y niños que viven en casas hogar. Detrás de cada puerta de estos espacios existen historias marcadas por el abandono, la violencia, la pérdida o la ausencia de una familia que pueda brindar cariño y estabilidad emocional. Aunque muchas casas hogar realizan un enorme esfuerzo para garantizar alimentación, educación y techo, el apoyo emocional continúa siendo una de las necesidades más olvidadas. Un niño no solo necesita ropa o comida; necesita sentirse escuchado, querido, acompañado y valorado. La falta de afecto puede dejar heridas silenciosas que acompañan durante años a quienes crecieron sintiendo soledad aun estando rodeados de personas.
En Morelos existen diversas casas hogar que sobreviven gracias al apoyo de asociaciones civiles, voluntarios y ciudadanos solidarios. Sin embargo, la realidad es que la atención psicológica, la convivencia constante y el acompañamiento emocional no siempre alcanzan para todos. Muchas veces las visitas de la sociedad ocurren únicamente en fechas especiales, cuando se llevan juguetes o despensas, pero después el silencio vuelve a ocupar los pasillos. La infancia necesita más que caridad momentánea; necesita vínculos humanos reales. Escuchar a una niña, jugar con un niño, compartir tiempo y demostrar interés genuino puede significar mucho más de lo que imaginamos. Tal vez como sociedad hemos normalizado mirar hacia otro lado porque estas historias incomodan, pero ignorarlas no hará que desaparezcan.
Hoy vale la pena preguntarnos: ¿realmente conocemos la realidad que viven las niñas y niños en casas hogar? ¿Sabemos qué sienten, qué sueñan o qué les hace falta? ¿Conoces las casas hogar en Morelos? ¿Alguna vez has visitado alguna?




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