El martes 6 de octubre la gobernadora Margarita González Saravia designó a Carlos Franco Ruiz director general del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos. El viernes el secretario de Gobierno, Édgar Maldonado Ceballos, declaró que su salida no estaba en negociación. El sábado Franco ya no ocupaba el cargo.
No es un detalle administrativo. Es la evidencia de que el Ejecutivo no pudo sostener una decisión que él mismo tomó cuatro días antes. El IEBEM no es una oficina menor. Administra la educación básica del estado y la nómina de más de 14 mil trabajadores. Que su titular dure menos de una semana, y que sea el cuarto en poco más de dos años, habla de una institución que el gobierno no logra gobernar.
La Sección 19 del SNTE no inventó el conflicto. Lo aceleró. La base administrativa tomó el edificio, cortó la luz y puso sobre la mesa un nombramiento que ya cargaba señalamientos públicos desde la alcaldía de Tlaquiltenango.
El gobierno respondió primero con documentos y con la afirmación de que no había impedimento legal. Luego cedió tres cargos. Al final cedió el de arriba. La versión oficial es que Franco se fue por responsabilidad. El calendario dice otra cosa.
Esto no absuelve al sindicato de usar la toma como método. Tampoco convierte en sentencia las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación ni los señalamientos del alcalde de Tlaquiltenango. Lo que sí deja claro es que el poder de nombrar no es lo mismo que el poder de mantener. En el IEBEM, esta semana, el segundo no existió.
La educación básica no puede seguir siendo el espacio donde se prueban nombramientos y se negocian salidas. El siguiente titular, sea quien sea, llegará a un organismo que ya demostró que puede sacar a quien no le conviene en cuestión de días. Si el gobierno vuelve a designar sin calcular esa fuerza, el cuarto nombre durará lo mismo que el tercero.

