Por el Dr. Miguel Ángel Martínez Rodríguez
Hay casos que importan por lo que contienen y hay otros que importan, sobre todo, por lo que revelan. El caso de Fernando Farías Laguna pertenece a la segunda categoría. El excontralmirante, presentado por la Fiscalía General de la República como uno de los cabezas de la mayor red de huachicol fiscal documentada en años recientes, ya está vinculado a proceso y recluido en el Altiplano.
Pero el verdadero significado político del expediente no está solamente en la caída de los hermanos Farías. Está en lo que ocurre alrededor de ellos. Porque, por primera vez desde que comenzó el gobierno de Claudia Sheinbaum, empieza a hacerse visible una línea de fractura entre el régimen construido por Andrés Manuel López Obrador y el gobierno que pretende sucederlo sin necesariamente reproducirlo.
Y esa diferencia puede terminar siendo uno de los primeros grandes clivajes políticos de este sexenio.
La ruptura empieza en la Marina
Durante el gobierno de López Obrador, las Fuerzas Armadas adquirieron una dimensión política, administrativa y económica que difícilmente puede compararse con otros momentos recientes. La Marina recibió responsabilidades estratégicas, entre ellas el control de diversas aduanas marítimas. El resultado fue una institución con una presencia creciente en áreas que tradicionalmente correspondían a estructuras civiles.
Por eso el caso Farías tiene una relevancia particular. No se trata solamente de investigar una presunta red de huachicol fiscal. Se trata de revisar lo ocurrido dentro de una estructura institucional que durante seis años estuvo bajo el mando de una de las figuras más cercanas al expresidente: el almirante Rafael Ojeda Durán.
Y ahí comienza la diferencia.
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha permitido que una investigación de esta naturaleza avance hasta alcanzar a antiguos integrantes de esa estructura.
Eso, por sí mismo, representa una ruptura con una de las reglas no escritas del sexenio anterior: la dificultad para que las investigaciones sobre corrupción alcanzaran a integrantes de las Fuerzas Armadas cuando éstas se encontraban en el centro de las decisiones del gobierno.
La pregunta ahora es hasta dónde llegará esa ruptura.
La diferencia entre dos gobiernos
Aquí aparece el verdadero problema político. Durante el sexenio de López Obrador existió una enorme concentración de poder alrededor del presidente y de un círculo político y militar particularmente cercano.
Claudia Sheinbaum heredó ese aparato.
Pero gobernar no es simplemente administrar una herencia. También significa decidir qué partes de ella se conservan y cuáles comienzan a desmontarse. Y el caso Farías puede ser uno de los primeros indicadores de esa decisión.
Sheinbaum no construyó el sistema de aduanas marítimas que hoy se encuentra bajo investigación. No designó a quienes ocuparon esas posiciones durante el sexenio anterior. No fue responsable de las relaciones políticas que, según los testimonios leídos en audiencia, aparecen alrededor de determinados actores.
Pero ahora sí tiene que decidir qué hace con las consecuencias de aquel modelo.
Ahí está el clivaje.
Los sobrinos ya están en el Altiplano.
Los nombres de arriba ya aparecen en el expediente.
¿Hasta dónde está dispuesto el gobierno de Claudia Sheinbaum a investigar el poder que heredó?


