UAEM: UN DESASTRE
Por Domitilo Evangelista Díaz
La reanudación del diálogo y la creación de la Comisión Mixta para el Cumplimiento del Pliego Petitorio, si bien son importantes, están muy lejos de ser la solución para la profunda crisis que vive actualmente la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
La fractura, sin duda, es estructural y evidencia a una rectora por demás incapaz y rebasada; a un líder sindical demasiado voraz y vengativo; a una directora de Comunicación Universitaria ausente y coordinando el fuego amigo y, lo peor, a alumnos que son dobles víctimas: de la incapacidad de sus autoridades y de las redes de complicidad al interior de los campus universitarios.
Después de la toma de sus instalaciones y de los anuncios, tan espectaculares como innecesarios, del Gobierno del Estado de Morelos para echar a andar un oneroso e inexistente Plan Integral de Seguridad Universitaria, lo único que se confirmó fue cómo se ha repartido el gran pastel que es el presupuesto universitario entre gran parte de la clase política en el estado.
La toma de instalaciones aún no ha concluido, pues integrantes de la Resistencia Estudiantil Uaem mantienen bajo su custodia el auditorio Emiliano Zapata, que, más allá del espacio físico, simboliza la cantidad de pendientes que aún tienen por cumplir las autoridades con los estudiantes.
Durante la toma de instalaciones, la rectora quedó exhibida, evidenciada en su incapacidad y con su investidura hecha trizas. Y no por los estudiantes, sino por su propio equipo de trabajo, que poco a poco fue sucumbiendo ante la voracidad del líder sindical y sus grupos porriles, a quienes muchos acusan de ser los responsables de los destrozos en varios de los edificios universitarios y en la propia Rectoría, buscando, de esta manera, mermar el movimiento estudiantil que mantenía tomadas algunas de las instalaciones.
Hoy, estos destrozos aún no han sido reparados y, con ello, el regreso a clases de manera presencial se hace imposible. Esto posterga el regreso de la normalidad a las aulas universitarias del campus Chamilpa, en un ambiente de mayor seguridad para todos. Y esto no es responsabilidad de los alumnos.
Pero, además, este vandalismo universitario cobró una víctima y sacó del juego sucesorio por la rectoría a Gerardo Gama, ahora exsecretario de Extensión Universitaria, quien, para muchos, era el natural sucesor en el cargo que hoy aún presume tener Viridiana Aydeé León Hernández. Con la salida de este personaje se rompen varios equilibrios y acuerdos al interior de la universidad.
Lo más triste es que, desde el 2 de marzo, cuando fue tomado el campus Chamilpa por integrantes de la Resistencia Estudiantil UAEM, poco o nada han mejorado las condiciones de seguridad que motivaron el cierre del campus. Lo mismo ocurre en otros espacios universitarios, sobre todo los ubicados en los municipios más alejados de la capital del estado, donde también se hace presente la ineficiencia de las actuales autoridades universitarias.
Todo parece indicar que ya nadie recuerda a las alumnas víctimas de feminicidio, pero sí buscan lucrar de diferentes formas con lo ocurrido.
Morelos necesita una universidad fortalecida, ajena a los intereses políticos y a la voracidad de un líder sindical que presume que él quita y pone a funcionarios, directores, docentes y hasta al titular de la Rectoría.
Pero cabe recordar que, en el pasado proceso electoral, la rectora León Hernández, el líder sindical Mario Cortés Méndez y varios integrantes del patronato universitario fueron alfiles de centro en el tablero de ajedrez de Morena, pisoteando, por sus intereses personales y particulares, la autonomía universitaria.
Por eso, hoy quienes critican a los integrantes de la resistencia estudiantil y a todos aquellos que apoyaron la toma de las instalaciones universitarias deben entender que es urgente una purga al interior de la UAEM Morelos; urge desvincular todo aquello que le impida cumplir con su tarea de “fortalecer y transformar a la sociedad a través de la ciencia, la educación y la cultura”.
La sacudida debe incluir investigar y, en su caso, fincar responsabilidades a quien ha saqueado y lucrado con el presupuesto universitario, además de hacer de la gestión permanente de recursos extraordinarios una forma de “administrar” a la universidad.
Urge, pues, recuperar la dignidad universitaria, el orgullo de ser venado y fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje académicos, deportivos y culturales. Y todo parece indicar que esta tarea les queda muy grande a las actuales autoridades universitarias.

