AYUNTAMIENTO DE CUERNAVACA COMO NEGOCIO FAMILIAR
Por Daniel Alcaraz
En el Municipio de Cuernavaca el dinero público dejó de ser un instrumento de gobierno al servicio del pueblo, para convertirse en un mecanismo de distribución entre cercanos.
Primero aparecen las sillas, un contrato por más de 357 mil pesos asignado a una empresa en la que participa el hermano del director de Comunicación Social del ayuntamiento. No es una sospecha, está plenamente documentado. Existe la empresa, existe la relación, existe la #factura. El recurso salió del municipio y terminó en una estructura vinculada directamente con el círculo del poder.
La empresa proveedora fue Incógnita Productions S.A. de C.V. entre cuyos socios están Israel Jiménez Ocampo, identificado como hermano del director de Comunicación Social del ayuntamiento, y Cindy Zeltzin Pérez López, señalada como secretaria particular de José Luis Urióstegui Salgado
Algo todavía más grave, es el hecho que el mismo director de Comunicación Social, Jorge Jimenez Ocampo, no solo está vinculado indirectamente con proveedores. También está asignando recursos públicos de publicidad a un medio de comunicación que es suyo, según documentos oficiales emitidos por su propia oficina, firmados por él mismo, donde se detallan pagos mensuales superiores a los cien mil pesos a ese medio digital.
Desde la oficina encargada de manejar la relación con los medios, se canalizan recursos a un medio propio. Es el control del presupuesto y del beneficiario en una sola persona. Es juez y parte. Es conflicto de interés en su forma más clara.
Está claro que en el gobierno municipal de Cuernavaca, el dinero público se mueve dentro de una misma red. Por un lado contratos a empresas vinculadas con familiares. Por otro, pagos recurrentes a plataformas propias disfrazadas de medios de comunicación, todo bajo la misma estructura administrativa.
Esto no es comunicación social. Es un esquema de monetización del poder.
Aunque existiera un procedimiento interno que formalmente valide los pagos, el fondo del asunto es otro. El uso del cargo para beneficiar intereses personales y familiares rompe cualquier principio básico de #integridad pública.
La cuestión ya no es si las sillas eran caras, sino por qué el dinero del municipio termina sistemáticamente en manos de quienes están dentro del propio gobierno.
Y la respuesta es evidente, en Cuernavaca el alcalde José Luis Uriostegui Salgado y sus cercanos no gobiernan, administran un circuito cerrado de beneficios




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