Jesús Sedano
El pasado 17 de abril, recordé a mi querida Chavela Vargas amiga, madrina de vida. 107 años de su natalicio. En Resumen, comparto con ustedes parte de la historia de vida.
Crecí con su música y, la vi por primera vez en casa de la bisabuela Amada en el poblado de Ahuatepec, Morelos a principios de los 80´s. Su interpretación tenía que ver mucho con su estado de ánimo, su soledad, su alegría, sus amores. Y después, ya no supe de ella.
Un día en Tepoztlán, eran las 13:30 horas, inicio de lo años 90`S. La vi salir del templo, era la parroquia de la Natividad. Yo, era un adolescente y, me atreví acercarme y saludarla. Ella, después de explicarle quién era, me abrazo, me dio un beso en la frente y recordó con gran emoción a mi bisabuela. Preguntó ¿qué ha sido de mi amigocha?, le respondí: falleció.
Chavela, la gran Chavela Vargas, escuchar sus palabras tan verdades, tan ciertas, su fuerza y su don de transmitir. Su bohemia acompañada de tequila, mostraba su alma, su mirada, su sentir. Nos uníamos en espíritu, siempre entregaba todo su ser. Siempre y cuando le hayas caído bien, de lo contrario decía esa persona no tiene bonita alma, no quiero verla más.
Los últimos veinte años decidió vivir en este pueblo mágico, La Vargas, la mujer o la dama del poncho rojo, la chamana. Orgullosa de su sexualidad y vestimenta. Su voz áspera dramatizo las canciones rancheras, cantaba desde sus entrañas. Decía nací para cantar y lo canto, pero porque lo he vivido, no lo invento.
¡Uno vuelve siempre a los sitios donde fuimos felices!, tu voz áspera la vuelvo a oír, era La Vargas. Mirar esa sonrisa, ese pelo de plata, la camisa a cuadros, paliacate en color rojo, tenis, jeans en tono azul.
Me gritaste ¡mi gran amigocho!, me caíste bien. Tu canto, los muchos abrazos, la confianza. Volvernos a mirar, volver a escuchar tu voz con ese sentimiento, desde tus entrañas.
Abuela, amiga, madrina, querida y amada Chavela, gracias por regalarme tu libertad, observar el cerro Chalchi, lugar que decidiste estar. En tu altar, tus rosas y tequila.
No soy ni de aquí, ni de allá; pero, piensa en mí, muy sonriente me vuelves a abrazar. Y recuerda: el amor no existe, uno se lo inventa y veo en tus ojos que nunca te lo vas a inventar, vuela, vuela alto. Lo estás haciendo lindo, hermoso, me gusta tu andar por esta vida. Parte del fragmento del ultimo sueño con la gran Chamana.




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