Por RAY CÁRDENAS 

Morelos: la guardería del poder… donde cuidan a todos menos al pueblo

En Morelos ya no se gobierna… se consiente.

Aquí el poder se volvió una especie de guardería VIP: si eres del círculo, no pasa nada. Te equivocas y te apapachan. Te señalan y te defienden. Te exhiben… y hasta te sonríen para la foto, no vaya a ser que te sientas.

Eso sí, si eres ciudadano… suerte.

Porque este nuevo estilo —muy maternal, muy comprensivo, muy “yo te cuido”— curiosamente no alcanza para la gente que paga impuestos, que se levanta temprano y que vive la realidad sin escoltas ni discursos. Ahí sí no hay abrazo. Ahí hay silencio.

Y mientras el estado se incendia en problemas reales, en la oficina del poder andan jugando a las sillitas musicales rumbo a Cuernavaca. Porque ya empezaron a inflar perfiles noveles, de esos que hasta hace poquito estaban aprendiendo dónde quedaba el centro… pero hoy ya los quieren vender como “la nueva esperanza”.

Ajá.

La clásica: si no da el ancho, le ponemos padrino. Y mientras tanto, los que sí han caminado, los que sí traen trabajo, los que sí se han ganado a pulso la posibilidad de competir… a esos ni los pelan. O peor: los quieren mover, esconder o hacer a un lado, no vaya a ser que opaquen al consentido en turno.

Porque aquí no se trata de quién puede gobernar mejor.

Se trata de quién cae mejor… allá arriba.

Y eso sí es peligroso. Porque Cuernavaca no está para experimentos, ni para prácticas profesionales versión política. La ciudad necesita oficio, carácter y alguien que no ande aprendiendo sobre la marcha mientras todo se cae a pedazos. Pero bueno… prioridades.

La universidad sigue como la guayaba y la tostada, “tomada” detenida, bloqueada… como si fuera un tema menor. Total, no pasa nada si miles de jóvenes se quedan en pausa, ¿verdad?

Las muertes ya son parte del paisaje. Ya ni indignan, ya ni sorprenden. Ya son “lo normal”. Como el tráfico… pero con balas.

Y lo más grave: una lideresa pierde la vida… y la respuesta es el eco. Silencio. Nada. Como si la vida también se pudiera archivar. Ahí sí no hubo discurso bonito.

Ahí sí no hubo abrazo maternal. Ahí sí no hubo protección… porque no era de los suyos.

Entonces queda claro: el maternalismo político sí existe… pero es selectivo.

Cuida a los de adentro.

Y abandona a los de afuera. Por eso ya estaría bueno que le bajaran dos rayitas a la sonrisa institucional y le subieran tres al carácter. Que dejen de jugar a la política bonita y empiecen a gobernar en serio.

Porque esto no es un kinder. Aunque lo parezca. Y porque el pueblo —ese que no tiene padrino, ni foto, ni protección— ya no quiere que lo cuiden… Quiere que le respondan. Porque por más veces que venga la presidenta al final de cuentas nos deja muy claras varias cosas le habla de tú a Zapata confunde chinameca con Chichimeca y  y lo peor no más bien apapachar pero de poner orden nada.

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