“… no he sido felizâ€: Borges.
JUAN LAGUNAS
No hay pensamiento en el dÃa anterior. En el instante decisivo, la contigüidad: una cesación de resentimiento, que nace de la ausencia del hábitat (aunque estés ahÃ). El silencio es…
Fue a jugar balompié. O a ingerir etil. Se acostó. ¿Algún recuento infinitesimal? Ató la cuerda a su cuello y…
Existen augurios. Alejandra Pizarnik lo constata:
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
Asimismo, en «Hija del viento» (14 años antes de su deceso, a causa de una sobredosis de barbitúricos) expresa:
La noche soy y hemos perdido.
Asà hablo yo, cobardes.
La noche ha caÃdo y ya se ha pensado en todo
La perlesÃa de la no luminosidad conflagra: desencajamiento de derogación infame. Del vejamen, al dicterio: un paso que no se ve. No hay distancia. Si el olvido anuncia, la estancia (debajo del árbol sin sombra) discorde sitia -como periostio-.
Aquélla, en “La nocheâ€, sigue:
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mÃ,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la conciencia con sus estrellas.
Siempre, en medio del atisbo lacrado, la contraparte busca lo ignoto. Si hay frustración, inventa: “Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerteâ€. Lo dicho: él asumió la decisión en un momento. Su punto de referencia: el inconveniente de delirio. El alma, sin Él, es cenagal en el lago de fuego. Los pies no recorren las hojas. Quizá:
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
En los versos de lee el SÃndrome de Crisis Suicida. “Tal vez†es despedida y nomenclatura de indisposición: “no puedo másâ€. AsÃ, se hace incomprensible (por el rechazo), Filipenses 4:11-12: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, asà para estar saciado como para tener hambre, asà para tener abundancia como para padecer necesidadâ€
Empero (mal), la poetisa gime:
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacÃo de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
No tengo nada. Ni el vocablo en la mente.

