Por Ray Cárdenas
Estamos próximos a que los mexicanos tomemos la decisión de ser parte de la renovación del Poder Judicial de México. Fueron muchos los que quisieron, pero pocos los que salieron en las listas. Tenemos una gran responsabilidad en este ejercicio democrático, donde debemos ser muy conscientes de a quién le vamos a dar el voto.
Una de las características que se exigen para poder ser elegidos por el pueblo es una que muy pocos pueden ostentar: honorabilidad. Si bien es cierto que hay casos aislados donde la honorabilidad es cuestionada, hay figuras que destacan por mantenerla con firmeza.
Por ejemplo, el doctor Antonio Sorela Kas, quien siempre ha sido amable, empático y, lo más importante, responde con compromiso al significado de ser un impartidor de justicia. Su enfoque en los derechos humanos y su reconocimiento más allá de las fronteras de nuestro país lo consolidan como un referente en el ámbito del derecho.
Otro de los que destaca es Jorge Ortiz Aquino, un joven abogado con grado de maestro, en constante estudio y preparación. Originario de Tlayacapan, Morelos, Jorge representa la juventud y el conocimiento que se requieren para estos puestos. La decisión del pueblo será fundamental, pero también se necesitará madurez para otorgar el voto.
Lo más importante es reconocer la responsabilidad de quienes aspiran a estos cargos: conocerlos, exigirles, aprenderles y confiarles esta gran tarea. Debemos elegir a quienes realmente merecen la confianza de la gente y que demuestren, por encima de todo, que no le fallarán al pueblo.
Esto es clave para diferenciarlos de la clase política tradicional, esa que ha engañado tanto a la sociedad y que hoy parece estar acomodada de tal forma que la justicia no les alcanza. Mientras los ajenos al color guinda del poder actual son perseguidos, aquellos que forman parte de la élite política parecen intocables.
Dicen en “radio pasillo” que, en México, si alguien ha cometido delitos, solo necesita afiliarse al partido en el poder para que sea “borrón y cuenta nueva”. No vaya a ser que, en una de esas, los hombres del crimen organizado se afilien también y pasen de ser perseguidos a ser elogiados.
Posdata: Fíjese con quién se toma fotos, porque una es casualidad, dos es coincidencia y tres ya es no tener memoria.




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