JUAN LAGUNAS P.
El apuro de la persuasión: ¿en qué parte del cuerpo está el alma? Contestaciones anómalas, desemejantes, equívocas… Luego, en la mente, Kierkegaard. En El diario de un seductor (miga inicua de esa anta), la condena no anhelada: la alcoba: el alma contemplativa: Johannes, el quincallero.
La inconsecuencia que Eclesiastés atesta de degradación: el apetito hedónico (ultraje). En suma, este fascinador no busca destruir a Cordelia —su incauto objeto de estudio y deseo—, sino cultivarla en el invernadero de la resistencia.
Habla para sí: J. quiere confinarla en el laberinto de su influjo. Pretende que ella caiga por propio pie, que anhele su rendición, creyendo que ejerce albedrío; empero, el cortejo es soniquete. Y: la grieta zafral:
El paso
El despego del ánima.
Bajamar de pecho.
Hoya inescudriñable:
La niebla de afuera.
Esclusa: jarcia.
Al presente, el interesado, un axiomático sugerente, no maniobra desde la precipitación, sino a partir de la construcción paulatina de un territorio compartido, donde la atención se convierte en la forma más refinada de aspecto. (Fui. Normalidad. Arrepentimiento).
El lenguaje expresado en la estrategia seductora ocupa un lugar supletorio frente al manejo del tiempo y los espacios de silencio.
Un seductor comprende que el deseo habita en el espacio: entre instigación y objeción. El desviamiento momentáneo, la negativa a saturar el área del otro con apariencias magnánimos; esto produce descuido. Cuesta, (bardo sincrónico) sin leerlo, se interpone:
“Es el rigor del fuego que purifica el tiempo (…)
que se alza contra el caos y el olvido
para dejar grabado en la materia
el testimonio breve de haber vivido”.
No tengo tiempo. Abstraje. (Sin suceso). Manos, ojos, besos, noches de desprecio… atardeceres de no sé. Incluso: asedio con mis manos, que produjeron ansiedad de É. No apaleaba encogimiento: indeciso, persistentemente. En “La casa del espejo vacío”, de Sanai de Ghazni, se lee:
“Rompe la cerradura de este cuerpo de barro,
desnuda el alma del lastre que la ata al suelo.
¿Qué es la vida sino un soplo ciego en el desierto,
una sombra que huye cuando se enciende el fuego?
Busca en el fondo del pozo de tu propia sangre
la llave del gran silencio que todo lo consume.
Allí donde el pensamiento se quiebra y enmudece (…)”.
Salvo…

