Por Ray Cárdenas
Este domingo 10 de mayo conmemoramos el Día de las Madres… aunque en México ya ni sabemos si estamos festejando a la jefecita santa o sobreviviendo a la madriza colectiva que nos pone la realidad todos los días. Pero bueno… eso luego lo analizamos con una coquita y presión alta.
Resulta que entré al 3B —ese oasis del proletariado donde no hay aire acondicionado pero sí precios que todavía respetan la dignidad humana— y, mientras agarraba mi refresquito tibio sabor inflación, me encontré unas chanclas.
Y hermano… se me desbloqueó el trauma infantil premium.
Porque las mamás mexicanas no educaban… entrenaban comandos especiales.
Mi madre, doña María del Rosario del eterno sufrimiento,por ejemplo, no tenía poderes… tenía línea directa con el destino. Cuando gritaba: “¡Bájate de ahí, pendejo, porque te vas a caer!”, uno todavía alcanzaba a pensar: “ay, exagera…” Y madres… dos segundos después ya estaba uno incrustado en una bugambilia, llorando y tragando tierra como croqueta humana.
Luego venía la otra joya del terrorismo psicológico doméstico: “Ven para acá, no te voy a pegar”. ¡JA!
Mentira más grande que las promesas de campaña.
En aquellos años no existían derechos humanos para los chamacos. Existía la ley de la chancla, el cinturón republicano y el famoso zape correctivo patrocinado por la SEP y la Virgen de Guadalupe.
Pero nada… nada superaba el: “¡Deja que llegue tu papá!”.
Ahí mi pobre jefe entraba como actor de reparto. Llegaba cansado del trabajo y todavía tenía que fingir indignación: “¡¿Qué hizo este cabrón?!” Y por dentro seguramente pensaba: “pinche chamaco, hizo exactamente lo que yo hacía”.
Porque uno es el reflejo del padre… pero administrado por la mamá.
Y mire nomás cómo se parece eso a México.
Porque hoy la presidenta ya no parece jefa de Estado… parece mamá de reunión escolar defendiendo a los hijos más burros del salón.
Que si Rubén Rocha: “No, mi niño no hizo nada”.
Que si Omar García Harfuch: “Déjenlo, él sí estudia”.
Aunque el país parezca capítulo de “La Rosa de Guadalupe: edición balaceras”.
Y mientras Trump nos trae de piñata diplomática, acá seguimos peleándonos con el “Ojos de Bagre”, encargado de educación, que trae el calendario escolar más manoseado que sillón de oficina pública.
Y todavía salen los nostálgicos con aroma a humedad diciendo: “Antes teníamos tres meses de vacaciones y nadie se quejaba”.
Sí, mi querido dinosaurio sindical… pero antes no había puentes por el Día Internacional del Molcajete, ni consejos técnicos cada quince minutos, ni maestros descubriendo su espiritualidad en viernes laboral.
Antes las vacaciones sí sabían rico. Sabían a raspado, a tierra mojada, a calle y a jugo de piña en bolsa.
Hoy cualquier cosa es motivo para suspender clases. Parece que el único esfuerzo nacional es llegar vivos al Mundial. Porque educación… vale madre. Justicia… también. Y cultura… bueno, cultura sí tenemos: la cultura de mentarnos la madre para todo.
Que si ganó Morena: “valió madre”. Que si no aparece Rubén Rocha: “qué poca madre”. Que si las madres buscadoras no son recibidas: “chingue a su madre”. Aquí la madre es unidad de medida nacional.
Y ya para cerrar este comentario “a toda madre”, vámonos a Morelos, donde el amor maternal también aplica… sobre todo en política.
Como decía mi abuela María Ismael garcia manzanares mujer sabia de esas que curaban el empacho con sobada y regaño: “Hay que cuidar más al hijo pendejo… porque el chingón se cuida solo”.
¡Y qué razón tenía!
Porque en política siempre hay favoritos. Ahí estuvo Graco queriendo heredar poder como si fuera licuadora de abono. Bendijo candidatos, impulsó al hijo, repartió cariñitos… y al final la gente le dijo: “gracias, joven… pero no”.
Y hoy en Morelos el radio pasillo anda más activo que oficina de aviadores: que la gobernadora tiene favorito… que tiene su morenito… que tiene su güerito… y que uno le provoca más dolores de cabeza que adolescente con Italika y corridos tumbados.
¿Cuál es el consentido? ¿Cuál es el hijo rebelde? Hombre… sobra que se lo explique.
Porque el amor de madre en política es igualito al de la casa: aunque el hijo salga cabrón, flojo o revoltoso… la mamá siempre encuentra cómo justificarlo.
Y como decía mi abuela Carlota: “Las mamás no se fijan en pendejadas… quieren a los hijos aunque salgan bien inquietitos ”.
Así que cuiden mucho a sus mamás… porque ellas sí nos defendieron cuando el mundo nos quería partir la madre.
Nos vemos la próxima. Y que tengan una semana… poca madre.





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