La CIA en la sierra: cuando la soberanÃa se derrapa.
Por Dr. Miguel Ãngel MartÃnez RodrÃguez.
El accidente en la Sierra Tarahumara no fue solo una tragedia vial. Fue el momento en que México miró de frente una realidad incómoda: la presencia de agentes de la Central Intelligence Agency (CIA) operando en territorio nacional en coordinación con autoridades locales, sin claridad sobre el conocimiento del Ejecutivo federal.
De confirmarse, no estarÃamos ante un hecho aislado, sino frente a una grieta institucional. La ley mexicana es explÃcita: la cooperación con agencias extranjeras en materia de seguridad debe canalizarse a través del gobierno federal, con intervención de la SecretarÃa de Relaciones Exteriores y el Gabinete de Seguridad. Ningún estado tiene facultades para invitar, por cuenta propia, a organismos extranjeros a realizar tareas de inteligencia u operaciones en campo. Hacerlo implica, en los hechos, ceder soberanÃa por la puerta de atrás.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha reaccionado con cautela. Ha señalado posibles violaciones al marco legal, ha recurrido a canales diplomáticos y ha puesto el foco en las responsabilidades locales. Es una respuesta institucionalmente correcta, pero polÃticamente medida. En un entorno marcado por la presión de Washington para mostrar resultados frente al tráfico de fentanilo, la tentación de flexibilizar lÃmites es real.
Ahà radica el problema de fondo. La lÃnea entre cooperación e injerencia no siempre es nÃtida, pero debe serlo. México puede —y debe— colaborar en inteligencia con Estados Unidos; lo que no puede normalizar es la presencia operativa de agentes extranjeros fuera de los canales formales. No se trata de nacionalismo retórico, sino de control institucional.
El caso también revela fallas internas. Si versiones periodÃsticas apuntan a que personal extranjero habrÃa participado en más de un operativo en Chihuahua, la pregunta es inevitable: ¿dónde estuvieron los mecanismos de control? ¿Falló la coordinación entre autoridades estatales y federales? ¿Existen vacÃos legales que permiten este tipo de arreglos discretos? Más preocupante aún:¿es esto excepcional o parte de una práctica tolerada?
La prudencia diplomática del gobierno federal es comprensible. Nadie gana con una confrontación abierta con Washington, menos en medio de negociaciones económicas y tensiones por seguridad. Pero la cautela no puede sustituir a la claridad. Si no se fijan reglas estrictas y mecanismos de supervisión efectivos, el margen para la discrecionalidad seguirá creciendo.
Al final, el derrape en el barranco de Chihuahua expone algo más profundo que un accidente: revela las tensiones de un paÃs que busca ser socio sin convertirse en subordinado. La soberanÃa no se defiende con declaraciones, sino con instituciones que funcionen, controles que se apliquen y lÃmites que se respeten.
Cuando los lÃmites se vuelven poco claros, la cooperación deja de ser acuerdo y pasa a convertirse en concesión.

