ALCOHOL, PODER MUNICIPAL Y SOMBRAS CRIMINALES EN AMACUZAC
Por Daniel Alcaraz
En Morelos, las fiestas patronales han dejado de ser un espacio de convivencia para convertirse en un escaparate de poder sin lÃmite. En Amacuzac, el reparto masivo de alcohol por parte de autoridades no es un gesto festivo, sino una señal inquietante de cómo se ejerce el gobierno local.
El alcalde Noé Reynoso Nava decidió presumir públicamente la compra y distribución de miles de latas de cerveza, además de carne y alimentos, sin aclarar el origen de los recursos. La exhibición del gasto, la logÃstica organizada desde espacios partidistas y la ausencia total de explicación administrativa configuran un escenario de opacidad deliberada.
El contexto agrava el hecho. Amacuzac no es cualquier municipio. Durante años, su autoridad municipal ha sido señalada por vÃnculos con estructuras criminales, particularmente con el grupo encabezado por Santiago Mazari Hernández, apodado “El Carreteâ€, lÃder de Los Rojos, exguardaespaldas de Arturo Beltrán Leyva y sobrino de un exalcalde de Morelos, encarcelado por sus nexos con el narcotráfico.
En una región donde la violencia y la inacción oficial han sido norma, el reparto de alcohol desde el poder local adquiere una connotación peligrosa. No se trata solo de irresponsabilidad administrativa, sino de un mensaje polÃtico que banaliza la ley y refuerza la percepción de que todo se negocia, todo se reparte y nada se explica.
A esta escena se suma el comportamiento del diputado federal morelense AgustÃn Alonso Gutiérrez, señalado por regalar cientos de botellas de alcohol entre la población. Que un legislador federal reproduzca estas prácticas confirma que el problema no es aislado ni accidental. Es una cultura polÃtica que concibe la representación pública como un acto de repartición, no de responsabilidad.
El patrón es claro y profundamente preocupante: autoridades que se muestran generosas con alcohol mientras eluden cualquier rendición de cuentas; funcionarios que confunden cercanÃa social con populismo festivo; y comunidades acostumbradas a recibir regalos en lugar de resultados, en territorios donde la presencia del crimen organizado ha sido una constante histórica.
Mientras se normalice que un alcalde y un diputado federal repartan alcohol como si fuera polÃtica pública, Morelos seguirá atrapado en un ciclo de simulación, impunidad y riesgo permanente.

