Por Ray Cárdenas
Mi abuela, doña María Ismael García Manzanarez —una mujer sabia nacida en Tlaquiltenango, Morelos, y más aguda que cualquier asesor de imagen— solía decir que hay tres cosas que en esta vida no se pueden ocultar: el amor, el dinero y la molestia.
El amor, decía, se nota en la mirada, en las palabras dulces y en los gestos que no se pueden disimular. El dinero, ni se diga: se nota en lo que uno come, en lo que uno usa y hasta en cómo uno se comporta, aunque no tenga educación. Y la molestia, esa, es la más honesta de todas: cuando uno está incómodo, el cuerpo y el alma lo gritan.
Y mire usted qué casualidad: esas tres verdades de mi abuela son el diagnóstico perfecto para el Morelos actual.
Durante la época de campañas, todos se veían enamorados del pueblo: sonrisas de catálogo, abrazos falsos pero firmes, y una disposición maravillosa para aparecer en todas las selfies. Ahí sí, la prensa era “aliada estratégica”, las preguntas eran “valiosas” y cualquier foro servía para hablar de “transformación”.
Pero la luna de miel fue corta, más que la de un influencer con contrato vencido. Hoy, cuestionar a la nueva titular del Ejecutivo estatal no sólo es un acto de rebeldía, sino una falta de respeto. Ya no hay sonrisas, ahora hay ceños fruncidos, respuestas cortantes, y una incomodidad que no se puede ocultar: la molestia ya se instaló en el Palacio de Gobierno.
Y si no me cree, escuche la respuesta presidencial cuando se le preguntó sobre el nombramiento de Hugo López-Gatell en la Organización Mundial de la Salud:
—”Sí, yo lo recomendé. Sí, yo lo avalo. Sí, yo lo propuse.”
Tan simple, tan directo… tan premio de consolación.
Parece que en la nueva administración federal se sigue premiando a los que no hicieron bien su trabajo. Tal vez como consuelo, o como forma de asegurar que nadie se quede sin chamba. Y hablando de consuelos, regresemos a Morelos.
La política en Morelos hoy se resume en una misa con muchos padres, cada uno con su propio evangelio. Para la gobernadora, todo está bien… siempre y cuando nadie le diga lo contrario. Para don Juan, cada paso por los municipios es una reafirmación de que sigue siendo querido , vayamos unidos por morelos.
Gran perla de sabiduría institucional:
“Mujeres que quieran entrar a la política, prepárense, estudien, aprendan a hablar.”
Palabras sabias… pero venidas de alguien que, casualmente, es la primera vez que gana un cargo de elección popular.
Posdata: si esta columna desaparece misteriosamente, no se preocupe. Puede ser que, por ejercer la libertad de expresión, alguien decida —casualmente, por supuesto— hackearme la cuenta de Facebook.
Nos leemos en la próxima.




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