Por Carolina Ruiz RodrÃguez *
En los próximos dÃas se festejará en México el DÃa del Niño. Pero no todo serán sonrisas, regalos, juegos, diversión y felicidad. Muchos menores no festejarán su dÃa, pero no por falta de ganas, sino por la terrible condición que actualmente viven: son niñas y niños migrantes.
Y es que año con año, se incrementa el número de menores de edad que atraviesan (o buscan hacerlo) nuestro paÃs, solos o acompañados, en su mayorÃa añoran llegar a Estados Unidos o buscan algún refugio seguro dentro de nuestro paÃs.
Contrario a los adultos, los menores de edad no deciden migrar, no dejan sus comunidades de origen por voluntad propia. La mayorÃa son llevados por sus madres, padres, tutores o, simplemente, huyen de la violencia, de la pobreza extrema, de la explotación, la falta de oportunidades o, incluso, de desastres naturales.
Los menores migrantes no buscan aventura y diversión, buscan seguridad, sobrevivir, calidez, alimento y un mejor futuro.
De acuerdo a registros oficiales de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) en el año 2023, más de 50 mil niños y adolescentes pidieron asilo en nuestro paÃs. Muchos estaban solos, vulnerables, expuestos a infinidad de riesgos, con rostros llenos de incertidumbre y sonrisas contenidas.
En su mayorÃa los menores de edad migrantes en México vienen de Honduras, El Salvador, Guatemala y, recientemente, se han incrementado los menores provenientes de Haità y Venezuela.
Por diversas razones, también en nuestro paÃs las polÃticas migratorias priorizan la contención y no la protección. Esto incrementa la vulnerabilidad para los menores de edad, pues al estar de manera irregular en México o en cualquier paÃs, quedan expuestos a infinidad de desafÃos emocionales, psicológicos y fÃsicos.
Este es un gran desafÃo para quienes nos corresponde adecuar las leyes, o crearlas para una coyuntura por demás difÃcil como la que actualmente vivimos.
Se debe garantizar para los migrantes, especialmente para los menores de edad, no solo albergues, esquemas de protección o permanencia temporal, sino acceso a programas sociales, salud, alimentación, acceso a la educación, la capacitación para el trabajo y su inclusión laboral y social.
Algo nos debe quedar claro: las niñas y niños migrantes no son cifras, amenazas sociales, ni criminales por su condición de estar en tránsito o fuera de sus lugares de origen.
Ellos también tienen sueños, miedos, esperanzas, anhelo de ser tomados en cuenta. Son seres humanos, personas, muchos de ellos con enormes talentos y capacidades.
Proteger a la niñez migrante es una responsabilidad de todos, porque para hacer buenos ciudadanos y compartir un futuro con nosotros, lo mÃnimo que podemos hacer, sin importar su origen, lengua o costumbres, es garantizarles que tengan una infancia digna.
*Diputada local presidenta de la Comisión de Atención a las Personas Migrantes en el H. Congreso del Estado de Morelos

