Por Valeria Milán
El efectivo en México no va a desaparecer. No se puede. En muchas comunidades no hay bancos ni internet. Quitarlo sería dejar sin comercio a medio país.
Lo que sí va a cambiar con la reforma es otra cosa muy diferente: ya no te van a dejar pagar cosas muy caras en efectivo. Y eso no te afecta a ti. Le afecta a los que siempre se han escondido.
El efectivo sigue, pero ya no para esconderse.
Hoy todavía puedes comprar una casa o una camioneta de lujo llegando con una maleta de billetes. Nadie te pregunta nada. El vendedor te da las llaves. Ahí está la trampa.
Cuando compras en efectivo, no hay forma de saber de dónde salió el dinero. Pudo salir de una empresa que no paga impuestos o de un moche que te dieron en una obra pública. El efectivo no deja huella. No tiene nombre ni origen.
La reforma dice: si vas a comprar algo caro, como una casa, un coche nuevo, joyas o un terreno, ya no lo puedes pagar en efectivo. Lo tienes que pagar por transferencia, cheque o tarjeta. Algo que deje rastro.
La transferencia dice quién pagó, de qué cuenta salió y a dónde llegó. Así el banco y la autoridad ven si ganas lo suficiente para comprar eso. Con efectivo, no hay forma.
No es contra ti.
Hazte esta pregunta: ¿tú compras casas en efectivo? No. Tú pagas en efectivo el mercado, el pasaje, los tacos, la tanda, la luz. Eso seguirá igual. Nadie te va a obligar a pagar las tortillas con tarjeta.
¿A quién sí le duele? Al funcionario que gana poco pero compra departamentos en efectivo a nombre de su primo. Al constructor que recibe obras del gobierno y cobra parte en efectivo para no declararlo. Al dueño de gasolineras, antros y notarías que llevan años sin facturar.
Ellos son los que están gritando en redes que nos van a quitar el efectivo. Quieren que tú, que vives al día, te enojes y los defiendas. Quieren que creas que la ley es contra el pueblo, cuando por primera vez es contra los que viven del sobre manila.

