POR RAY CARDENAS

La vecina me pescó temprano, de esos domingos donde uno sale a barrer el frente más por costumbre que por ganas. Yo apenas iba acomodando el cuerpo, el café y los problemas, cuando la señora, que siempre trae información más rápida que varios portales, me gritó desde la otra banqueta:

—¡Vecinooo! ¿Ya vio que cambiaron otra vez al de Seguridad?

Y yo, sin dejar de mover la escoba, le contesté:

—Sí vecina… aquí cambian más rápido al secretario que la percepción de miedo.

La señora soltó una risita de esas que dan cuando ya no queda de otra. Porque en Morelos ya conocemos el procedimiento: cuando la cosa se pone fea, no se arregla el problema… se cambia al funcionario. Se mueve la silla, se manda a hacer placa nueva, toman protesta, foto oficial, discurso de “ahora sí viene una nueva etapa”, y listo… asunto resuelto para la conferencia.

La estrategia anterior, por cierto, salió por la puerta de atrás y ni las gracias dio.

La vecina siguió barriendo, pero de reojo me lanzó otra:

—Entonces… ¿ya estamos seguros?

—No vecina… apenas estamos estrenando titular. Espérese tantito a que le den la oficina, le conecten el internet y encuentre dónde quedó el folder de pendientes.

Porque aquí pareciera que algunos creen que la inseguridad se combate con cambios administrativos, como si los delincuentes tuvieran grupo de WhatsApp y avisaran:

“Muchachos, suspendan actividades… llegó nuevo secretario. Sean serios”.

Mientras tanto la gente sigue haciendo lo que sí cambia: sus costumbres. Ya no sale tarde, ya no contesta números raros, ya no se estaciona donde sea, ya no se confía del de la moto, del que va caminando atrás… ni del silencio cuando la calle se queda vacía. Esa sí es la encuesta buena, vecina: la que se mide en hábitos de miedo.

Pero la señora ese día venía inspirada. Recargó la escoba en la pared, se acercó dos pasos y bajó la voz como si fuera a revelar secreto de Estado:

—Pero entonces vecino… dígame la mera verdad… ¿sí se bajó el Güero?

Yo la vi serio, como analista de televisión, y le dije:

—¿Bajarse? Para nada, vecina. Es más… cada vez que dicen que se bajó, lo suben dos puntos.

—¿A poco?

—Claro. Porque en política el que más niegan, más suena.

La vecina abrió los ojos.

—Es que mire vecina, Cuernavaca no es enchílame otra. Aquí para competir de verdad se necesitan tres capitales: el político, el económico… y el social.

—¿Y esos dónde los venden?

—No se venden, vecina. Se construyen. O se heredan… que también pasa.

Le expliqué que el capital político es traer estructura, operadores, amigos en todos lados y saber a quién saludar sin equivocarse. El económico, pues ya sabe… campañas, gasolina, lonas, templetes y uno que otro café “de trabajo”. Y el social, que es el más importante: que la gente te ubique, te crea o por lo menos no te miente la madre al verte.

—Ahhh… entonces sí está más complicado que la tanda.

—Muchísimo más, vecina. En la tanda nomás se pelean por el número. Aquí se pelean por la ciudad.

No dudo que haya más tiradores, de esos que ya se sienten presidentes municipales porque les dieron like en Facebook. Pero gobernar Cuernavaca no es nomás salir bonito en la lona y abrazar niños en mercado. Aquí hay que aguantar presión, resolver broncas, negociar con todos… y tener paciencia de santo certificado.

La vecina, ya entrada en calor, soltó la pregunta del millón:

—¿Y qué está más dividido… mi grupo de zumba o el PRI?

Ahí sí me hizo reír.

—No me meta en problemas, vecina… pero su grupo de zumba al menos sí se coordina con música.

—¿Y el PRD?

—Ese ya parece foto vieja de graduación: todos salen, pero ya nadie se junta.

—¿Y Movimiento Ciudadano?

—Ahí va Jessica, moviéndose, creciendo, tocando puertas. Sin hacer tanto ruido, pero caminando.

—¿Y entonces quién?

Yo clavé la escoba, respiré hondo y le dije:

—Si hoy fueran las finales de banqueta… Terrazas anda fuerte.

La vecina se acomodó el cabello, sonrió y remató:

—Uy vecino… usted sí trae más análisis que los de la tele.

—No vecina… nomás escucho. La calle siempre avisa antes.

Y así terminó la cumbre dominical, entre polvo, cubetas y geopolítica de colonia. 

Porque aunque no salga en noticieros, en las banquetas se entiende mejor el estado que en muchos escritorios. Yo nomás se lo comparto como se oye por acá.

Y como decía mi abuelita Carlota mientras nos veía hacernos bolas:

—Estás viendo y no estás viendo… póngase a jalar, que se ocupa.

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