CUERNAVACA 2027.

ASPIRANTES EN DISPUTA, CIUDAD EN ABANDONO

Por Daniel Alcaraz 

La elección por la alcaldía de Cuernavaca en 2027 no se va a definir por propuestas ni por perfiles sólidos. Se va a definir por desgaste, por acuerdos en lo oscuro y por una oferta política que, en el mejor de los casos, resulta mediocre, incluso impresentable.

El paso de José Luis Urióstegui Salgado por el ayuntamiento deja poco margen a la interpretación. La ciudad empeoró, la inseguridad creció y el desorden urbano se normalizó. Los resultados de Uriostegui tienen al PAN en una posición sumamente vulnerable.

Aun así, el PAN no tiene alternativa. El problema no es solo su candidatura, es todo lo que simboliza. El PAN llega con estructura, sí, pero también con un rechazo creciente que no va a ser fácil de revertir.

Del otro lado, Morena no enfrenta un problema de falta de fuerza, sino de exceso de ambición interna. La candidatura no se va a decidir en Cuernavaca. Se va a decidir en función de intereses y equilibrios de poder. La gobernadora Margarita González Saravia tendrá participación, pero la operación política real recae en Javier García Chávez.

Sin embargo, ese control no es absoluto. El senador Víctor Mercado ha logrado posicionarse como un aspirante que no depende completamente de la estructura local. Su cercanía con Alejandro Esquer Verdugo y su vínculo con el entorno de Andrés Manuel López Obrador lo colocan en una posición incómoda para quienes intentan controlar la decisión desde el palacio de gobierno. Morena enfrenta aquí su mayor dilema. Apostar por disciplina interna o alinearse a una señal nacional que difícilmente se puede ignorar.

En otro ángulo, se encuentra el diputado federal Juan Angel Flores Bustamante, quien respaldado por su gestión en Jojutla durante el sismo de 2017 y en materia de seguridad, ha construido un perfil competitivo; sin embargo sus aspiraciones no encuentran eco en Palacio de Gobierno, donde se anticipa el mayor contrapeso a su proyecto. 

En medio de esa disputa aparece la aspiración de Sandra Anaya, sostenida por el respaldo de Cuauhtémoc Blanco Bravo y Pedro Haces Barba. Un respaldo que lejos de fortalecerla la estigmatiza, porque representa exactamente el tipo de grupo que hoy genera mayor rechazo dentro y fuera del propio Morena. Sin estructura sólida ni posicionamiento competitivo en Cuernavaca, su aspiración parece más un intento por negociar algo, que una candidatura real.

En el PRI el escenario es igual de preocupante, pues todo apunta a que el nombre que se busca imponer es el de Manuel Martínez Garrigós, un personaje marcado por señalamientos de corrupción y por una administración que dejó una huella negativa difícil de borrar. La decisión no responde a una lógica electoral, sino a compromisos políticos que trascienden el ámbito local. Alejandro Moreno ha delegado el control del proceso en Rosario Robles Berlanga, lo que explica por qué perfiles con alto desgaste siguen siendo considerados. Manuel y su hermano gemelo José, formaron parte del equipo de abogados que lograron la salida de Robles de prisión.

Dentro del propio PRI hay resistencia, ya que Eliasib Polanco Saldívar, dirigente estatal, impulsa a Lucy Meza, pero la historia reciente del partido deja claro que las decisiones no se toman en función de competitividad, sino de lealtades. El PRI no está construyendo una opción para ganar. Está resolviendo compromisos internos.

En paralelo, crece una versión que no puede ignorarse. La posibilidad de un acuerdo entre José Luis Urióstegui Salgado y el grupo que hoy concentra el poder estatal para facilitar el camino al proyecto que se defina desde el gobierno. A cambio, una eventual incorporación al gabinete al término de su administración.

El problema de fondo es evidente. Cuernavaca no enfrenta una elección entre proyectos distintos. Enfrenta una disputa entre grupos que priorizan el control político por encima de la ciudad. El PAN ofrece continuidad sin resultados. Morena ofrece conflicto interno antes que claridad. El PRI ofrece el regreso de perfiles que ya fracasaron.

En ese tablero aparece Movimiento Ciudadano como una opción que intenta capitalizar el hartazgo sin cargar con el desgaste de los partidos tradicionales, pero con limitaciones evidentes para competir en serio por la alcaldía. La figura de Jessica Ortega representa ese esfuerzo por posicionar un perfil ciudadano, con cierto nivel de reconocimiento, aunque insuficiente. Sin una estructura territorial capaz de sostener una elección completa en Cuernavaca. Su papel no será el de ganar, sino el de incidir. Puede restar votos en sectores urbanos, fragmentar el escenario y alterar el resultado final, pero difícilmente convertirse en una opción real de gobierno.

Así se perfila la elección de 2027, como la confirmación de que la política local sigue atrapada en los mismos vicios de siempre. Y mientras eso no cambie, el resultado será el mismo. Gane quien gane, Cuernavaca y quienes aquí vivimos, seguiremos perdiendo.

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