POR DR. ÁNGEL DARIÉN ZAPATA MARÍN

Llama la atención la decisión tomada por el Banco de México, la cual parece apuntar a un escenario de estanflación. Resulta innegable el incremento sostenido en los precios de la canasta básica, con su consecuente impacto generalizado, así como el magro crecimiento económico que se ha venido observando desde hace varios años. A ello se suma un entorno internacional marcado por la incertidumbre y los persistentes retos en materia energética (ese sumo de dinosaurio del que ya hemos hablado antes).

La doctrina económica sostiene que, frente a la inflación —sobre todo cuando rebasa las previsiones—, la respuesta convencional es el aumento de las tasas de interés. Sin embargo, esto no ocurrió, lo cual abre dos interpretaciones, ninguna alentadora: por un lado, que las decisiones del Banco de México han dejado de ser exclusivamente técnicas, al influjo de otros factores o actores (lo que es muy grave); por otro, que la situación económica del país es más compleja de lo que se reconoce oficialmente, pues no solo se enfrenta un proceso inflacionario, sino también un contexto de bajo crecimiento o incluso de recesión. Este escenario es particularmente delicado por la naturaleza de las medidas que exige para su atención (lo que es muy preocupante).

Frente a los discursos triunfalistas, el panorama general no luce favorable, al menos no en el corto plazo. La dificultad radica en el tipo de decisiones necesarias para revertir la situación, las cuales requieren voluntad política, pero difícilmente se traducen en beneficios inmediatos en términos electorales. Implican, además, replantear prioridades, reconsiderar proyectos poco rentables e incluso reconocer pérdidas significativas de recursos públicos, entre otras decisiones complejas.

El contexto económico pudiese pensarse que es algo menor (solo es dinero); sin embargo, cabría recordar que es capaz de frenar guerras o incluso desencadenarlas. Así de relevante es: para quienes gustan del cine, en la reciente película Peaky Blinders, la trama principal descansa en que los nazis buscan quebrar el sistema económico de Inglaterra para precipitar el desenlace de la guerra y, Tommy Shelby se opone a ello.

Este contexto se entrelaza, en estos días, con la celebración de la Semana Santa, un evento religioso de gran relevancia en nuestro país y en la cultura occidental. En ella se conmemoran la muerte y resurrección, el arrepentimiento, la piedad y el sacrificio de Cristo, recordado por millones de fieles en todo el mundo.

Entre los múltiples episodios que, según las Sagradas Escrituras, enfrentó Jesús, destaca aquel relacionado con el pago de impuestos. Los fariseos intentaron tenderle una trampa para que incurriera en una falta ante la autoridad romana. Sin embargo, con una frase que ha trascendido siglos, respondió: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Esta reflexión cobra especial relevancia en el contexto actual. En un escenario económico tan precario, es previsible la implementación de ajustes fiscales que impactarán directamente a la sociedad. Y no se trata de cuestionar la fe, sino de reconocer que, incluso en el plano espiritual, hay realidades terrenales ineludibles: ni siquiera Jesús pudo eludir el tema de los impuestos.

Así, amable lector, conviene prepararse pues la realidad fiscal no tardará en hacerse presente. Las cuentas no cuadran, y todo indica que habrá que apretarse aún más el cinturón, además de incorporar coactivamente a quienes antes no contribuían al gasto público. Todo esto contrastará con el dispendio propio de las campañas venideras, que —como señalan diversos especialistas electorales— rara vez se ajustan a los límites establecidos por la autoridad. De este modo, entre la precariedad económica y los excesos políticos, nos encaminamos a un escenario agridulce: entre la fe en la renovación y la creciente desconfianza en el rumbo.

Los números son fríos y las cuentas, inevitablemente, se cobran. Así, nada más, amable lector. Son esos mismos números los que han dado forma a diversos escenarios en el mundo: en Irán, por ejemplo, donde un régimen que prioriza su supervivencia ha recurrido incluso al chantaje de la economía global mediante la amenaza sobre el flujo petrolero; son también los números los que inquietan a analistas y asesores en la Casa Blanca al momento de replantear la continuidad del conflicto bélico con Irán; y son, igualmente, los números los que han impulsado negociaciones con el régimen castrista en Cuba, aferrado al poder durante casi siete décadas. En nuestro país, esos mismos números han influido en los resultados electorales recientes y, con toda probabilidad, volverán a incidir en los próximos comicios, porque al final, más allá de discursos o ideologías, son las cifras las que terminan imponiendo la realidad.

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