POR JUAN LAGUNAS P.

Va pasando el tiempo. No hay irradiación. La pleamar proviene; sé que no te veré: el retraimiento es desapacible. Me encuentro en aquel momento: el ostracismo a la aspereza del trasantier. Es la era de la anhedonia. El desviamiento. La importunación de la insuficiencia y el fingimiento. 

         En “La Regenta”, de Leopoldo Alas “Clarín” (que narra la historia de Ana Ozores), surge una crítica hacia le insignificancia de la sociedad provinciana del siglo 19 -de la ciudad ficticia de Vetusta-. De ahí, sin proponérselo, aparece el baladro de Juan Ramón Jiménez:

¡Ojos que quieren

mirar alegres

Y miran tristes!

         La brama de mis manos es desaguadero. Estoy ataviado de angustia. ¿Debo ir? ¿Me quedo (donde nunca estuve)? La mañana aparta el resentimiento. Fueron tres años en el saladero de la separación de intervalo. Reborde de aire. En “Réquiem”, Ana Ajmátova expresa:

Ningún cielo extranjero me protegía,

ningún ala extraña escudaba mi rostro,

me erigí como testigo de un destino común,

superviviente de ese tiempo, de ese lugar.

         La desmesura nos solivianta; ergo, embaucados, el candil es desmedida. Tuve que desenterrarte. Estás con mi hermano y alguien más. La poetisa, en “La sentencia”, continúa absorta:

La palabra cayó como una piedra

en mi pecho viviente.

Lo confieso: estaba preparada

y de algún modo lista para la prueba.

         El vocablo miente y, al negarse, interroga -en la sombra-. Calumnia. Orvallo, que no se siente. La estría ennoblece:

Tanto que hacer el día de hoy:

matar la memoria, asesinar el dolor,

convertir el corazón en roca

y todavía disponerse a vivir de nuevo.

         El arroyuelo confluye en el sueño, la calle, el fresco, el abandono… La simpleza. El menesteroso, que no habla. No preexiste el precepto fonético. La letra se desintegra -en la medida de la pronunciación-. 

         Al igual que Marcel Proust, en En busca del tiempo perdido, me hago espeleólogo de la memoria, la sucesión imparable, el sobresalto sin sentido y la precariedad de la gente. Soy despeñadero.

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