Por: Dr. Miguel ángel Martínez Rodríguez
En política, no hay criatura más peligrosa que un enemigo sin grilletes… y con la chequera abierta. La reciente confirmación de que Grupo Salinas liquidará sus adeudos históricos con el SAT fue celebrada en Palacio Nacional como un triunfo del Estado de Derecho. La Presidenta Sheinbaum puede dormir tranquila: el dinero entra justo cuando las finanzas públicas empiezan a crujir.
Pero cuidado con confundir recaudación con victoria. Lo que el gobierno vende como una capitulación fiscal podría ser, en realidad, el desembarco de Normandía de Ricardo Salinas Pliego rumbo al 2030 —o antes, si la coyuntura lo exige.
La ecuación es tan simple como inquietante: si la 4T falla, Salinas Pliego cae parado. Y al pagar, acaba de contratar el seguro político más caro —y más efectivo— de la historia reciente de México: la impunidad narrativa.
Al saldar su deuda, Salinas Pliego desactiva el único misil verdaderamente letal que el oficialismo tenía contra él: el estigma del deudor. En el plano jurídico, el lawfare fiscal se queda sin materia. En el plano político, ocurre la mutación clave: el “evasor” desaparece y emerge el accionista mayoritario de la República.
El relato se invierte. Ya no es el empresario defendiéndose del Estado; es el ciudadano, recibo en mano, exigiendo cuentas. Al pagar, Salinas no se dobló: se legitimó. Compró autoridad moral para auditar cada peso mal gastado, cada obra faraónica, cada programa clientelar que no entrega resultados.
Ahora fiscalmente “limpio”, pro-mercado, sin complejos, con discurso de mano dura y perfectamente alineado con los intereses comerciales del norte. Un Milei tropicalizado, versión mexicana, listo para ofrecer lo que la 4T no puede garantizar: certeza al capital privado.
Para el establishment estadounidense, el perfil es evidente. Para la política mexicana, también.
La 4T cometió un error estratégico de manual: al cobrarle a Salinas, se quedó sin villano. La polarización necesita antagonistas claros, caricaturas útiles. Un empresario que paga impuestos rompe el guion de “los corruptos de siempre”.
Al quitarle los grilletes fiscales, el gobierno soltó a la bestia política en el peor momento posible. Si el proyecto de Sheinbaum tropieza —por asfixia financiera, presión internacional o simple desgaste— no habrá PRI ni PAN capaces de capitalizar el descontento.
El único actor con micrófono propio, narrativa libertaria, recursos ilimitados y ahora manos limpias, es Ricardo Salinas Pliego.
El pago al SAT no fue una rendición. Fue una inversión en capital político. Salinas Pliego entendió lo que muchos subestiman: para ganar la guerra, a veces hay que pagar el peaje.
Hoy, el gobierno tiene el dinero. Pero Salinas tiene el tiempo, el discurso y la alternativa.
Si la 4T triunfa, él sigue siendo multimillonario. Si la 4T fracasa, él es el plan B del sistema.
De cualquier forma, el “Tío Richie” cae parado.




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