Por Carolina Ruiz Rodríguez *

El inicio de 2025 marcó un punto crítico para la población migrante en los Estados Unidos, particularmente para quienes se encuentran en situación irregular. El retorno de Donald Trump a la presidencia, trajo consigo un endurecimiento inmediato de las políticas migratorias, acompañado del reforzamiento de la frontera con personal militar, el uso intensivo de drones y nuevas tecnologías de vigilancia, así como el incremento de operativos al interior del territorio estadounidense por parte de agentes especializados (CIE).

Estas acciones generaron un aumento en las violaciones a los derechos humanos, múltiples casos de abuso de autoridad y efectos adversos en sectores productivos que dependen en gran medida del trabajo migrante. La criminalización de un grupo poblacional que constituye un componente esencial de la economía estadounidense, produjo tensiones sociales y económicas de alto impacto.

Lejos de moderarse, este panorama se ha agravado hacia el cierre de 2025. El Partido Republicano sufrió un revés considerable en las elecciones del 5 de noviembre pasado, perdiendo posiciones estratégicas y enfrentando derrotas significativas ante candidatos opositores al presidente Trump. Sin embargo, el mandatario minimizó los resultados y responsabilizó al Partido Demócrata de generar condiciones adversas, atribuyendo incluso este escenario al reciente cierre del gobierno federal, el más largo en la historia de Estados Unidos.

Trump también argumentó que los resultados electorales se debieron a que su nombre no estuvo en la papeleta. Tras ello, se intensificaron las redadas en ciudades con predominio demócrata y se anunciaron nuevas medidas dirigidas contra personas migrantes, reforzando un ambiente de persecución y hostilidad.

Un elemento particularmente preocupante ha sido el uso de redes sociales oficiales del gobierno estadounidense para difundir contenido propagandístico que normaliza la criminalización migrante. Mediante la incorporación de música de artistas populares en videos de operativos migratorios y campañas de “autodeportación”, se ha trivializado la gravedad humanitaria del fenómeno y se ha alimentado la polarización social.

La reacción no tardó en llegar: artistas como Sabrina Carpenter, Olivia Rodrigo, Rihanna, Pharrell Williams, Rolling Stones, Adele, Queen, Axl Rose y Neil Young han reclamado públicamente el uso no autorizado de sus canciones en estas campañas antiinmigrantes, que algunos han calificado como “propaganda racista”, “campañas de odio” y promotoras de una “agenda inhumana”.

De manera paralela, el presidente Trump ha retomado su retórica de confrontación externa, señalando a determinados países como amenazas, reactivando medidas arancelarias y proclamándose juez y parte en procesos electorales presidenciales. En conjunto, estas estrategias han utilizado a la migración como un instrumento de legitimación política interna.

Ante este contexto, a México le corresponde fortalecer los mecanismos de protección consular, garantizar la defensa de los derechos humanos de las y los connacionales en los Estados Unidos y consolidar políticas de apoyo para quienes decidan retornar.

Asimismo, resulta indispensable normalizar la presencia de personas migrantes —particularmente latinoamericanas— en Morelos y en gran parte del país. México ha dejado de ser únicamente un territorio de tránsito para convertirse, cada vez más, en un espacio de destino.

De igual forma, es fundamental impulsar acciones que reduzcan las condiciones que obligan a miles de personas a migrar cada año: falta de oportunidades, violencia, inseguridad y entornos que limitan el desarrollo social y económico.

El 2025 ha dejado una estela de pérdidas humanas, familias separadas y proyectos de vida interrumpidos. Para quienes, aun con todos los riesgos, buscaron una oportunidad en el llamado “sueño americano”, el endurecimiento de las políticas migratorias profundizó su vulnerabilidad.

Existen alternativas viables que deben impulsarse. La regulación, la inclusión y el reconocimiento formal de la aportación económica, social y cultural de las personas migrantes son vías que permitirán reducir la criminalización y promover entornos más justos y seguros.

La migración, entendida desde una perspectiva humana y de corresponsabilidad, no debe seguir siendo utilizada como herramienta política, sino atendida como un fenómeno que exige soluciones integrales, humanitarias y coordinadas.

* Diputada local y presidenta de la Comisión de Atención a las Personas Migrantes en el H. Congreso del Estado de Morelos

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