POR JUAN LAGUNAS P.

Lejos. En medio de la aglomeración, que es nostalgia perenne. Los cordeles se doblegan. Sobre la línea de flotación, el cuerpo muerto (de pie, con alguien en sus brazos).

         La contrariedad descubierta. Es anormalidad que escinde. Al hacerse estéril, cae. Es un abismo sin sentido, que apesadumbra. Saladero de un instante silencioso. ¿Y el tiempo? La paradoja: a medida que crece, se extingue. Un día es un momento (que jamás surgió). La noche, desconsideración inconclusa, que amaina.

         Ella desciende (en ocasiones, sube… Se fastidia). La otra, en la distancia cercana, no mira. Desvía los brazos. Éstos son pretiles plegados. Arboladuras de un velero inadvertido… Ínfimo -en el inicio de la evasiva-. 

         No sé a quién darle el rostro. Ésta persigue (sin proponérselo). Sus piernas no acaban: perniles que alivian; turgencias desde un parpadeo. ¿Viene? No se fue. Nunca estuvo en esa área. Volvió… Nadie la contuvo. Por eso, la palabra ata. No puede coaligarse con lo notorio. ¿Herma o espetera? Pechamen. En “Difuntos; Madrid”, Dos Passos expele:

“Las mujeres venden nardos en la plaza,

y coronas teñidas de oscuro

sinuosas y entretejidas firmemente

porque es el día de difuntos.

Las mujeres venden nardos en la plaza.

Su aroma aterciopelado llena las calles

y apacigua el ruido de los pasos;

porque es el día de difuntos”.

         Son así: sayonas -deambulando-. Puntos, guiones, letras sin vínculos intrínsecos. Aquél lo afirma:

“Su presencia se torna triste entre nosotros

como el aroma aterciopelado de las flores:

el incienso de los entierros suntuosos,

el corretear de los pasos monásticos,

el sonsonete soporífero de las misas

para la multitud de difuntos”.

         No puedo estar acá. No sirvo. Soy aire de insuficiencia. No debo. Se fue… Llega y, al hablarme, en mi espalda, seduce. Eso cree… Es notoriedad. Destitución. Robo (con violencia). Dejo de. Hablo de…

Me voy: en “Puerta del Sol” estoy (en la empalizada):

“Suenan los tambores y las trompetas

entre el ruido de la calle.

(Corred, corred, corred para ver a los soldados.)

Todos llevan el ritmo en formación

para seguir el paso reglamentario

de la brillante banda de metales”.

         La sucesión…

Dejar un comentario

© 2024 EnresumenMX (Todos los Derechos Reservados)