POR DR. ANGEL DARIÉN ZAPATA MARÍN
Llegan las vacaciones y, con ellas, el impulso casi instintivo de romper la rutina. Después de meses de trabajo, la gente busca algo distinto: un respiro, un cambio de paisaje, una pausa que permita recomponer el ánimo. En ese imaginario colectivo, los destinos de sol y playa siguen ocupando el primer lugar. El mar promete descanso, la arena sugiere olvido, y el horizonte abierto parece capaz de diluir cualquier preocupación.
Sin embargo, el escenario actual impone matices menos idílicos. Lugares emblemáticos como Veracruz, conocido por la calidez de su gente y su rica gastronomía, hoy conviven con un fenómeno incómodo: el chapopote. Ese residuo oscuro cuya presencia es ignorada por las autoridades, ahora ha comenzado aparecer en diversas costas del país, dando paso a lo que alguna vez fue símbolo de escape a la contradicción de un entorno afectado, donde la gravedad de la afectación contrasta con la parsimonia con la que se trata este desastre ecológico de gran magnitud -la mancha ya ha llegado a tabasco e incluso se reportan restos en la isla del padre en Texas-.
Y si la alternativa apunta hacia el Caribe mexicano para escapar del crudo, destinos como Cancún o Playa del Carmen presentan su propio desafío: el sargazo. Esa masa de algas que invade las playas no solo altera la estética del paisaje, sino que transforma la experiencia misma del descanso. El visitante ya no solo contempla el mar turquesa; ahora también debe negociar con una naturaleza desbordada que recuerda, una vez más, que el paraíso no es ajeno a los problemas globales.
Hacia el Pacífico, Mazatlán sinónimo de fiesta y algarabía tampoco resulta tan adecuado para descansar, por el enfrentamiento que tienen dos facciones del mismo cartel en ese Estado, circunstancia la cual lo colocan en una posición compleja para quien anhela reposo genuino.
Así surge una pregunta inevitable: ¿cómo vacacionar y desconectarse en un país donde la realidad supera la ficción -entre el crudo, sargazo o balazos-? Mientras algunos buscan descanso, otros continúan una búsqueda mucho más urgente y dolorosa: la de sus seres queridos. La crisis de desapariciones, marcada por el hallazgo constante de restos humanos en distintos puntos del territorio, ha escalado a niveles que preocupan a organismos internacionales, una muestra de ello es la histórica acusación hecha por un comité de la ONU ante la presencia de crímenes de lesa humanidad en nuestro país, cuyo impacto como el crudo, aunque se pretenda ignorar, coloca al país bajo una lupa que trasciende fronteras.
Esta noticia amable lector se entrelaza, además, con un escenario global igualmente convulso, ahí tenemos otro escenario con arena, sol y un mar azul, pero ahora en el oriente en concreto en el estrecho de Ormuz, donde la guerra entre Irán vs Israel y Estados Unidos tienen a la economía global amenazada, imagínese para los que puedan proporcionarse unas soñadas vacaciones en el idílico Burj khalifa (en Dubai), en el contexto actual ahora se enfrentan a la posibilidad que sean arruinadas por un dron iraní, lo que pone de relieve que las tensiones geopolíticas y sus conflictos permean incluso los espacios destinados al descanso afectando a millones ajenos a tales conflictos.
En medio de todo esto llega la llamada Semana Mayor, un periodo que en la tradición cristiana conmemora el sacrificio, la muerte y la resurrección. Más allá de su dimensión religiosa, encierra un simbolismo profundo: la posibilidad de renacer, de encontrar luz después de la oscuridad, de vencer aquello que más temor provoca.
Tal vez ahí reside una clave para entender estas vacaciones. Mientras unos buscan desconectarse, otros anhelan encontrar. Mientras unos descansan, otros siguen en pie, impulsados por la esperanza. En ese contraste, el país se revela en toda su complejidad: un lugar donde la belleza y la tragedia conviven, donde el descanso no siempre implica olvido, y donde la esperanza, aunque golpeada, persiste a pesar de todo.Ojalá, como en ese relato de resurrección que marca estas fechas, los ciudadanos encuentren lo que buscan, algunos entre la blanca arena, el sol abrazador y el mar con sus sirenas: paz, descanso, a sus seres queridos, o el sustento necesario para seguir adelante.




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