POR JUAN LAGUNAS P.

En el campo, los signos (en rotación discontinua). No necesitan agua. El sema se abre. Su meristemo, un fonema polinizado. Pero, la palabra, en la angustia, es insuficiente. (Sólo una reanima: es viva y eficaz). 

         La sílaba desconoce el acento; éste delira (en la página de aire). El punto, la diéresis, la virgulilla, el apóstrofo y la cedilla están confundidos. No encuentran asidero. Cuando el silencio menospreciado, en forma de muerte inmatura surge, el glosario culmina. 

Entonces, el barco de Teseo: una incongruencia del día de inmensidad. El ancla en el puerto de destino: la no voz de escritura (la huida al…). La ausencia de claridad recaló en la extensión inmedible de la conmoción perpetua (ésta aumentará en la Gran Tribulación). Hipónimo de ensanchamiento circundante: mar. En “El golem”, Borges decanta:

Si (como afirma el griego en el Cratilo)

el nombre es arquetipo de la cosa

en las letras de rosa está la rosa

y todo el Nilo en la palabra Nilo.

         La cárcel sin encierro, en el siglo 15: el bajel. En el 21, tú (el insulto, la inmovilización inquieta, el arrinconamiento sin sentido… ¿Y el sueño?: el enlace: embarcación mediterránea con un casco alargado, emulando a un trirreme (sin eslora). El cómitre, vigía. En “Dicen: la mar es triste”, Marià Manent expresa:

“Dicen: la mar es triste. ¡Qué señal

hace cada ola, cuando quiebra!

Y veo una mar triste, pero en medio

tú, como una perla”.

         Hasta que llegó el día: te empopaste con los alisios. La vela y el remo, apartados. La noche se va: media hora de fiebre. Opresión: avenencias indeterminadas; en ningún sitio. Aquél sigue:

“Dicen: la tierra es triste.

¡Qué señal hace la hoja!

Apenas osa.

Vea la tierra triste, pero en medio

tú, como una rosa”.

         La tristeza es persecución (sin acechanza o batida). Nadie está atrás, ni viene. Sergio Pitol dijo: “El arte de la fuga consiste en la capacidad de escapar de una forma de vida sin sentido”. La inmediación no es el reinicio. Es preferible alejarse del litoral. El encuentro será en el cielo (en un abrir y cerrar de ojos).

         En “La noche”, el vate referido condensa:

“La ciudad de la Noche se abre, calma

con luz y azules plazas. Es silencio y cristales.

Diríais que nos cela

encima de este valle

cuyo aroma ha crecido en el viento y la lluvia

de setiembre. Ahora, lejos, se oyen vagos relinchos.

¿Es un búho en lo oscuro o bien sube en carroza

el tiempo, con su barba de bosques y de grillos?”.

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