Por RAY CÁRDENAS
Hace unos días me senté a disfrutar un caldito de pescado, de esos picosos que prepara mi madrina Socorro Barrera. De esos que no solo alimentan el cuerpo, sino que abren espacio para pensar. Y mientras lo degustaba, escuchaba una clase de historia: la presidenta hablaba del natalicio de Benito Juárez, repasando cada uno de los cargos que ocupó antes de llegar a la presidencia.
Juárez no llegó por casualidad. Fue regidor, fue escalando, se preparó en leyes, asumió responsabilidades en un México complejo. Su historia no es de suerte, es de proceso.
Y eso me lleva inevitablemente a lo que vivimos hoy en Morelos, particularmente en Cuernavaca, donde el escrutinio público es constante… pero también lo es la ignorancia, a veces consciente, a veces cómoda.
Porque llama la atención —y mucho— el asombro de algunos frente al éxito de alguien que, guste o no, ha construido su camino.
Le cuento.
Un grupo de jóvenes tuvo una idea que muchos habrían tachado de absurda: traer a Flans a Cuernavaca. Eso implicó ir a Televisa, cotizar, arriesgar dinero, organizar un evento en el parque Miguel Alemán, en la colonia Carolina. Y funcionó.
Después vino otro reto: Mecano. No todo salió perfecto, hubo complicaciones, pero el evento se realizó. Se cumplió.
Así empezaron esos emprendimientos: entre amigos, con organización, con atrevimiento… haciendo lo que muchos no se atreven ni siquiera a intentar.
Luego vino el servicio público. Tránsito. Una etapa donde muchos de nosotros tramitamos licencias y encontramos a alguien que confiaba en que haríamos bien las cosas.
En 2006, la jubilación. Pero no el retiro. La actividad empresarial continuó.
Años después, con la llegada de Cuauhtémoc Blanco al gobierno de Morelos, se le confía la Secretaría de Movilidad y Transporte. No por casualidad, sino por experiencia.
Más tarde, el voto ciudadano lo lleva al Senado.
Sí, usted sabe de quién hablo.
Víctor. El “Güero”mercado . El nacido en Yautepec, pero criado en Altavista.
Hoy es muy fácil opinar. Decir qué hizo bien o mal. Pero como decía Juárez: “el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Yo lo adaptaría así: el respeto al éxito ajeno es la paz.
Porque en esta ciudad parece que criticar es más fácil que atreverse. Señalar es más sencillo que construir.
Todos tenemos 24 horas. No es cuestión de tiempo, es cuestión de decisión.
Hay quienes han logrado hacer de su vida un proyecto sólido. Y hay otros que alguna vez estuvieron arriba… y hoy se perdieron en el olvido, en la pobreza moral o incluso económica.
La diferencia está en atreverse.
Cualquiera puede acusar. Pero en lo jurídico, todo debe probarse. De lo contrario, como diría mi abuela: te quejas de ardido porque no te atreviste.
No trabajo con el Güero. Pero lo conozco. Es barrio. Antes de cargos, antes de reflectores. Es amigo de amigos. Y en la calle, siempre ha habido un saludo sincero.
Y eso también cuenta.
Porque al final, somos de esta ciudad. Y en Cuernavaca, nos conocemos.
A los que se atreven, les dicen locos.
A los que no, muchas veces se disfrazan de valientes… sin haberlo intentado.
Que viva Juárez.
Pero también que viva la gente que se atreve a construir, a generar, a levantar la mano y hacer.
Que viva quien ayuda a un amigo.
Quien trabaja.
Quien se queda en esta tierra y la hace valer.
Porque como diría Zapata: la tierra es de quien la trabaja.
Y la oportunidad… esa pasa temprano.
Muy temprano.
A las cinco de la mañana.Después de las nueve, ya solo la ven pasar los mediocres.





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