Por Ray Cárdenas 

Arrancamos la semana y el tema de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos simplemente no se acaba. Y es que hay varias historias alrededor del mismo problema; lo obligado, como siempre, es escuchar todas las versiones. Lo cierto es que lo que se debió hacer no se hizo. Y lo que ahora se quiere hacer tendrá que organizarse muy bien para que realmente funcione.

El problema no radica solamente al interior de la máxima casa de estudios. También está en lo que pasa afuera. Pero si nos ponemos en un plano estrictamente institucional, la rectora no es la única responsable de lo que ocurre dentro de la universidad. Y todos saben —porque no es secreto— que el secretario del sindicato ha fungido al mismo tiempo como su “Pepe Grillo” y también como el yugo que muchas veces no le permite trabajar con libertad, una figura que incluso ha sido parte de los problemas heredados por las administraciones anteriores.

Hoy se presenta el Plan Integral de Seguridad Universitaria y habrá que darle el beneficio de la duda. Sin embargo, dentro de la universidad siguen presentes los problemas de fondo: corrupción, narcomenudeo y una atención tardía a los reclamos de los estudiantes.

Por lo pronto, los estudiantes de la Facultad de Medicina ya recuperaron sus instalaciones. Les urge regresar a clases para no perder el semestre. En otros planteles todavía se mide el tiempo perdido.

Esto ocurrió porque tenía que ocurrir. Era cuestión de tiempo.

Ya hubo marchas, ya hubo pronunciamientos, ya se instalaron mesas de trabajo. Pero ahora lo que se necesitan son acciones. Cortar de tajo lo que está haciendo daño y hacer lo que se tiene que hacer. 

Es sencillo si se quiere. Si no, la universidad seguirá siendo noticia nacional.

Porque lo que hoy vemos no es más que la gota que derramó el vaso llamado UAEM.

Sobre la gobernadora, hay que decirlo también: está haciendo lo que le corresponde. Confía mucho en su gente, quizá demasiado. Muchos de ellos tienen la etiqueta de ser buenas personas, pero lo que hoy se necesitan son buenos funcionarios que den resultados.

Gobernar exige carácter.

Y vale la pena contar una historia que habla del estilo personal de la gobernadora Margarita González Saravia. Hace algunos días coincidió nuevamente con una familia a la que conoció hace 35 años. En aquel momento ella no tenía ningún cargo público; sólo la convicción de ayudar. Se comprometió entonces a que el agua llegaría a esas familias.

Treinta y cinco años después volvió a mirarlos a los ojos. Recordaron aquella promesa… y también que se cumplió. Más allá de ser hoy la mujer que gobierna Morelos, cumplió como una mujer de palabra.

Las preocupaciones, hay que decirlo, a veces no nos dejan dormir. Y cuando logramos hacerlo, lo agradecemos. Si alguien hoy pasa noches pensando en lo mejor para el estado, es quien tiene la responsabilidad de gobernarlo.

Tiene la confianza de la presidenta y la confianza que le dieron los morelenses.

Pero también es cierto: hay cosas que le corresponden a ella y otras que debe resolver cada funcionario en su área. Poner orden duele. Como crecer.

Demos el voto de confianza. Porque de no hacerlo, estaríamos aceptando que la frivolidad nos gusta más… y que el orden nos cuesta demasiado trabajo.

Abrazos, Margarita. Y por cierto… están pendientes los tamales.

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