POR RAY CÁRDENAS 

Esto ya pasó de rosa a morado

Arranca la semana con una gran cantidad de información que tendremos que ir desmenuzando. Y es que vámonos por el principio: lo ocurrido en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos es, en buena medida, consecuencia de una omisión.

No se creyó que el tema de las desapariciones pudiera salirse de control. O peor aún: no se creyó que pudiera llegar a estos niveles.

Todo se fue gestando en un caldo de cultivo donde las propuestas, los discursos y las conferencias fueron rebasados por una realidad que hoy deja algo más que evidente: la seguridad no es un tema que se domine en el estado de Morelos.

Recordemos que la Fiscalía General de la República advirtió que comenzaría a actuar contra varios alcaldes en el estado. Y cuando empezó a hacerlo, Amacuzac se volvió noticia, pero también apareció raspado Tlaltizapán, que quiera o no tiene relación en este contexto político.

Y es que, para cuando les conviene, las redes sociales sí son importantes; pero cuando no, simplemente se vuelven intrascendentes.

En ese municipio hay una disputa que no pasa desapercibida: por un lado, la alcaldesa busca la reelección; por el otro, el alcalde saliente —hoy diputado— busca regresar al ayuntamiento. Es, literalmente, un “qué me haces y qué te hago” político.

La marcha de este domingo 8 de marzo dejó muy claras las situaciones que hoy son más que evidentes.

Primero: la violencia contra las mujeres.

Y hay que decirlo: muchas de las mujeres que hoy están en el poder no han sido empáticas con esta causa. No han priorizado el diálogo. Más aún, pese a que este gobierno tiene una secretaría encargada de protegerlas, los presupuestos simplemente no se ejercen como deberían.

Segundo: el conflicto universitario y las desapariciones.

Algo que seguramente la rectora nunca imaginó que se convertiría en su talón de Aquiles. Y mucho menos cuando, desde el sindicato, se decía que nada iba a pasar porque todo estaba bajo control.

Aquí vale la pena aclarar algo importante:

los guardias de seguridad que operan en la máxima casa de estudios pertenecen a una empresa fundada por Martín Reyes y hoy dirigida por su hijo. Nada tienen que ver con el senador Víctor Mercado.

Estos guardias tienen una función muy específica: proteger los edificios de la universidad.

No tienen facultades para resguardar a los alumnos, llamarles la atención o intervenir en la disciplina interna.

Para eso existen los llamados “Venados”, personal de confianza de la universidad que se encarga del orden al interior de los planteles.

Aclarado este punto, vayamos a lo que verdaderamente raspa todos los niveles: el desgaste de la política de seguridad.

Se ha dicho mucho en conferencias. Se ha hablado mucho en discursos. Pero la realidad es que no se está haciendo lo necesario.

Como ciudadanos de a pie, ignoramos qué están esperando que pase o cuál es la estrategia real que se está aplicando.

Porque algo debe entenderse desde ahora:

la indignación ya no está contenida en redes sociales.

Hoy hay capacidad de movilización real.

Y el tema no va a desaparecer pronto.

Las vallas colocadas para resguardar edificios —principalmente el Palacio de Gobierno y la mal llamada Casa Morelos— son solo una imagen momentánea.

Habrá que ver qué pasa cuando esas vallas se retiren.

Porque hay una realidad que no queremos ver, pero que ya sentimos:

la Fiscalía estatal, el Gobierno del Estado y quienes están a cargo de la estrategia de seguridad tienen que activarse mucho más.

Este tema ha colocado a Morelos en el escenario internacional.

Y lamentablemente, la atención, la empatía y las respuestas no han sido las características de esta narrativa cruda y real.

Así las cosas:

esto ya pasó de ser rosa a morado.

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