Por Sandra Medina
Miles de mujeres tomaron las calles de Cuernavaca este 8 de marzo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, vistiendo los colores negro y morado, símbolos del movimiento feminista. La movilización fue pacífica, pero cargada de fuerza y significado: cada paso recordó la memoria de Kimberly Joselín Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez, estudiantes de la UAEM asesinadas recientemente, y exigió un alto a todas las formas de violencia: económica, social, física, psicológica y vicaria, que atraviesan hogares, escuelas, espacios de trabajo y la sociedad en general.
*RECORRIDOS Y CONTINGENTES*
Desde la Glorieta Tlaltenango salió un gran contingente de mujeres, mientras que estudiantes de la UAEM iniciaron otro desde Chamilpa. Ambos grupos se unieron en el camino, avanzando por avenidas principales como Emiliano Zapata hasta llegar a la Plaza de Armas.
Entre los contingentes se encontraban mujeres con niñas y niños, quienes exigían respeto y protección hacia los menores, colectivos de madres buscadoras, familiares de víctimas de feminicidio, víctimas indirectas de desapariciones, diversos colectivos feministas y grupos que exigían un alto a la violencia vicaria.
También se sumaron trabajadoras de la educación y de la salud, personas mayores y mujeres con discapacidad, demostrando que la violencia afecta a toda la sociedad y que la resistencia colectiva es esencial.
Durante el recorrido, también se vio la presencia de personal de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos, la Cruz Roja y Tránsito se encargó de cerrar vialidades y garantizar la seguridad de las participantes.
*INCIDENTES DURANTE LA MARCHA*
A pesar de que la movilización se desarrollaba de manera pacífica, tras el paso del colectivo feminista conocido como “Bloque Negro” por la calle Matamoros, la sede del antiguo Congreso presentó pintas, destrozos y fue parcialmente incendiada. Asimismo, en el Calvario, el Monumento a la Madre sufrió daños por fuego, lo que generó la protesta de una ciudadana que se manifestó como parte de la marcha pero rechazó este tipo de acciones. Estas posturas encontradas provocaron discusiones entre algunas participantes.
Además, el Centro de Salud de Tlaltenango registró vidrios rotos y algunos negocios del centro de Cuernavaca optaron por cerrar como medida preventiva ante posibles daños durante la movilización. Varios ciudadanos recordaron que, aunque la protesta busca justicia, la violencia y el vandalismo no representan la esencia del movimiento, y que la verdadera transformación requiere compromiso social.
*CONSIGNAS Y DEMANDAS*
Las consignas resonaron con fuerza a lo largo del recorrido:
• “Ni una más, ni una menos”
• “Justicia para las mujeres”
• “Los niños no se tocan”
• “Seguridad en escuelas y centros de trabajo”
• “Alto a toda forma de violencia”
• “Vivas nos queremos”
Las pancartas con nombres y fotos de Kimberly y Karol reforzaron el carácter memorial y social de la protesta, recordando que la violencia atraviesa familias, comunidades y escuelas.
*RECORDANDO A KIMBERLY Y KAROL*
Estudiantes de la UAEM se sumaron para exigir justicia por dos jóvenes víctimas de feminicidio:
• Kimberly Joselín Ramos Beltrán, de 18 años, estudiante de Contaduría, Administración e Informática, desapareció el 20 de febrero de 2026 y fue encontrada sin vida días después.
• Karol Toledo Gómez, también de 18 años y estudiante de Derecho en Mazatepec, desapareció el 2 de marzo y fue localizada sin vida tres días después en Coatetelco.
*LA FUERZA DE LOS CONTINGENTES*
Madres buscadoras, estudiantes, trabajadoras de la salud y educación, personas mayores y mujeres con discapacidad avanzaron juntas, mostrando que la resistencia no es individual sino colectiva. El contingente que incluía a niñas y niños también recordó la importancia de espacios seguros para los menores. La marcha fue visualmente impactante: miles de voces, pancartas al viento y colores ondeando que resonaron en toda la ciudad, llevando un mensaje claro: la violencia contra las mujeres no puede continuar.
*PRONUNCIAMIENTO*
Al llegar a la Plaza de Armas, los contingentes expresaron indignación y solidaridad, recordando a Kimberly y Karol, quienes permanecieron presentes en la memoria de toda la movilización. Activistas, familiares y participantes compartieron palabras de resistencia, recordando que cada víctima exige acción y justicia.
La movilización también reflejó la frustración de quienes sienten que la violencia persiste sin respuesta: se rayó el monumento a Emiliano Zapata y se realizaron quemas en el Palacio de Gobierno. Los colectivos aprovecharon la ocasión para lanzar un llamado a los tres órdenes de gobierno, medios de comunicación y sociedad, señalando que los espacios que deberían ser seguros como escuelas, lugares de trabajo y hogares, se han convertido en escenarios de riesgo constante.
Durante el cierre, los colectivos difundieron cifras sobre la violencia en Morelos: según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en 2025 se reportaron 2,080 casos y en 2026 este registro ha aumentado un 45.6 %. La Encuesta sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2021 mostró que el 59 % de las mujeres morelenses identificaron la escuela como el principal lugar donde sufrieron violencia, siendo la física y sexual las más frecuentes.
La Fiscalía del Estado de Morelos reportó 6,100 denuncias por violencia familiar en 2025, y hasta ahora 942 denuncias por el mismo delito. Además, Morelos se encuentra entre los tres estados con mayor tasa de feminicidios del país, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Con esta marcha, las mujeres de Morelos levantaron la voz contra la violencia, dejando claro que el Día Internacional de la Mujer no solo celebra avances, sino que evidencia la responsabilidad colectiva de frenar la agresión. Detener la violencia no es tarea exclusiva de las mujeres; es un deber social que exige acción y compromiso desde cada familia, institución, espacio laboral y comunidad.




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