Por el Dr. Miguel Ángel Martínez Rodríguez
En las primeras horas de este domingo 22 de febrero de 2026, el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en un operativo militar en Tapalpa, Jalisco, marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad nacional de México. Mientras escribo estas líneas, con los detalles aún emergiendo de fuentes oficiales y reportes preliminares, es evidente que este golpe al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no surge del vacío, sino de una acumulación de fracasos internos y presiones externas.
Mañana, cuando esta columna vea la luz, posiblemente sepamos más sobre las circunstancias exactas de su muerte —herido en el enfrentamiento y fallecido en traslado aéreo—, pero ya podemos afirmar: la política de “abrazos no balazos” de la Cuarta Transformación (4T) ha demostrado su ineficacia rotunda.
Recordemos el mantra de la 4T, impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y heredado en parte a Claudia Sheinbaum: atacar las causas raíz de la violencia —pobreza, desigualdad, corrupción— en lugar de confrontaciones directas. Sonaba noble, humanista incluso.
Pero en la práctica, esta aproximación discursiva ha permitido que carteles como el CJNG se expandieran sin freno. Bajo este enfoque, la violencia homicida no solo persistió, sino que escaló: de 2018 a 2025, México registró más de 200 mil homicidios dolosos, con el CJNG consolidando control en al menos 10 estados, diversificando sus operaciones desde el tráfico de fentanilo hasta la extorsión y el huachicoleo.
“Abrazos” se tradujo en impunidad para líderes criminales, mientras las comunidades en Jalisco, Michoacán y Guanajuato vivían bajo el terror de narcobloqueos y masacres. ¿Dónde quedaron las acciones concretas? En su lugar, discursos repetitivos sobre “causas profundas” que, aunque válidos en teoría, ignoraron la urgencia de desmantelar estructuras armadas.
Aquí entra el factor decisivo: Estados Unidos. La presión de Washington no es nueva, pero bajo la segunda administración Trump, se ha intensificado hasta volverse inexorable. El flujo de fentanilo del CJNG ha causado una crisis de opioides en EE.UU., con más de 100 mil muertes anuales atribuidas a drogas sintéticas mexicanas.
No bastaron los llamados diplomáticos; Trump amenazó con intervenciones directas y exigió extradiciones rápidas. México, acorralado, cedió: en febrero de 2026, el Senado autorizó dos ingresos de militares estadounidenses —19 Navy SEALs en Campeche y 12 del Comando Norte en el Estado de México y Quintana Roo— para “capacitación”, un eufemismo para cooperación operativa. El operativo contra El Mencho incluyó inteligencia estadounidense, confirmada por la Sedena.
Esto no es soberanía compartida; es capitulación ante demandas concretas: acciones, no retórica. Sheinbaum, al enfatizar el control de armas desde EE.UU., intenta equilibrar el discurso, pero los hechos hablan: sin la exigencia externa, el “abrazos” habría seguido postergando golpes como este.
El análisis debe ser duro porque la realidad lo es: la 4T subestimó la resiliencia de los carteles, priorizando una narrativa ideológica sobre una estrategia pragmática. Resultado: violencia desbordada, con narcobloqueos y disturbios inmediatos tras la muerte de El Mencho, afectando Jalisco, Michoacán y más.
Posibles sucesores como Juan Carlos Valencia González (“El 03”) o Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán (“El Sapo”) ya generan especulaciones de luchas internas, que podrían extender el caos semanas o meses. Vivo, El Mencho podría haber revelado nexos con políticos —un riesgo que su muerte convenientemente evita—, pero su abatimiento, no intencional según oficiales, resalta la preferencia por confrontaciones letales sobre capturas que expongan corrupción sistémica.
Apenas estamos conociendo detalles —pruebas periciales pendientes, reacciones políticas en curso—, pero este evento obliga a replantear la seguridad nacional. De lo contrario, los “abrazos” seguirán siendo un lujo que el país no puede permitirse, mientras la violencia devora su futuro. Mañana, con más luz sobre Tapalpa, veremos si este es un verdadero cambio o solo un paréntesis en el fracaso.




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