POR JUAN LAGUNAS

El domingo 18 de enero, alrededor de las 15:30, mi madre me habló de su muerte. La intuye. Sus palabras, con inflexión de agonía, obligan a mi alma a llorar. No entiendo aún la inminencia. La contigüidad es, ahora, un suplicio. La distancia, un orvallo (en la madrugada). 

         El año de 1950 está inmerso en mi pensamiento. Jamás he podido imaginar esa infancia. Sólo sé que sufrió -en demasía-. Cuando recibió al Ungido, el alivio de la eternidad cubrió de gozo (auténtico) su corazón. Empero… Hay un cielo enxebre en la espesura del tiempo: saudade. Y, de súbito, la ignavia (en mis ojos, que no ven la descomposición de la inmisericordia). 

         William Yates pugnó por la “Escritura automática”: proviene del inconsciente, no de la razón o de la disposición del pensamiento. Ella es así: toma un lápiz y, con euritmia inhábil, une fonemas (vincula sílabas). 

Isagoge:

En En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, se describe la vida de un narrador sin nombre, explorando la memoria, el tiempo, el amor, el arte y la sociedad francesa desde finales del siglo XIX hasta principios del XX, usando recuerdos involuntarios (como la magdalena). Así la veía, en la noche, en una mesa incierta: una taza de café con leche (fría) y una pieza de pan. Sola, ida. Cubría la ira con silencio. El belicismo, con un levantamiento repentino, casi inicuo. Era una forma de expresar, al igual que Whitman: “Me celebro y me canto a mí mismo”. 

         La abdicación a la cercanía es una manera de irse alejando… Lenta. No obstante, se detiene ante la ineptitud del entorno (del estrago componente y consanguíneo. Es la desfachatez de la ignorancia del deceso. Él perdona: sabe que somos polvo). 

         En “Caverna”, José Emilio Pacheco ata el sufrimiento en el huego: 

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro.

         La vi (en un filme) caminar en el polvo. Iba con un rebozo; en éste, ¿mi hermano, que partió? ¿Yo? ¿Nadie? ¿Un ser que se va? La formación estaba ahí: dos adelante; su faz, en medio; mi padre, atrás, vehemente, unilateral… Esto, antes de la calamidad. “Hay un gran desorden bajo el cielo; la situación es excelente”: Mao Zedong. En su momento, esto significaba que era tiempo de revolución. ¡Qué similitud! El vate aquél continúa:

Aquí están alineados

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte

         Nada sirve aquí, ni ahora. La salvedad: el conocimiento de Dios. La voluntad, una malicia que muta a hipocresía (en la mayoría de los sucesos). Al fin:

Todo está muerto

En esta cueva ni siquiera vive la muerte.

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