CUERNAVACA: SU VERDADERO ROSTRO
Por Domitilo Evangelista Díaz
Cuernavaca presume clima, bugambilias y mucha perorata política, pero cuando se le quita la postal y se le ponen números —los fríos, oficiales y demoledores números del INEGI— la capital de Morelos aparece como lo que hoy es: una ciudad mal gobernada, insegura y con pésimos servicios urbanos.
Lo anterior no es una crítica fácil ni exageración periodística. Es lo que refieren las estadísticas públicas del INEGI, que no editorializa, no milita, ni vota; solo presenta los indicadores por ciudad, estado y el país. Y lo que mide en Cuernavaca es preocupante.
En cuanto a la inseguridad, los datos son aterradores y queda claro que el gris discurso municipal no alcanza a disipar el enorme fracaso. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), Cuernavaca se mantiene de forma sistemática entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país y de las corporaciones policíacas con mayor desconfianza ciudadana. Más de siete de cada diez habitantes dicen sentirse inseguros. No es percepción aislada: es sensación cotidiana. Aquí no falló la narrativa, falla el gobierno municipal.
El presidente municipal, José Luis Urióstegui Salgado, heredó problemas, sí, pero ya tuvo tiempo suficiente para corregirlos. No lo ha hecho ni parece tener la capacidad, ni la idea para hacerlo y menos colaboradores eficaces. La inseguridad sigue marcando la agenda diaria, la confianza ciudadana en la policía municipal está por los suelos y es el principal factor que deteriora la calidad de vida en Cuernavaca.
En cuanto a los servicios públicos, los indicadores muestran que simplemente la ciudad no funciona. Alumbrado deficiente, calles rotas, banquetas inexistentes, basura mal recolectada. La ENSU vuelve a ser clara y refiere que los cuernavaquenses están insatisfechos con los servicios municipales: más del 50 por ciento de los habitantes se declara insatisfecho con servicios básicos como calles y avenidas, alumbrado público, baches y recolección de residuos.
Contrario a la inseguridad, en cuanto a los servicios públicos no hay pretexto que achacarle o compartir con los gobiernos federal o estatal: la limpieza, el mantenimiento urbano, la recolección de la basura, el alumbrado, semáforos, el agua y otros servicios, son responsabilidad completa y directa del Ayuntamiento. Cuernavaca no está colapsada por falta de recursos, sino por la corrupción, la falta de eficacia y liderazgo.
En cuanto a los indicadores del bienestar, el cómo se siente la gente, el módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE), revela otro dato incómodo: la gente vive con estrés, preocupación e incertidumbre. El clima ayuda, la vegetación tranquiliza, pero no alcanza para contrarrestar la inseguridad, el desorden urbano y la precariedad económica. La llamada “calidad de vida” no se mide con discursos, pretextos, evadir responsabilidades o pagar deudas heredadas, sino con tranquilidad, servicios que funcionen y certeza económica. Y aquí Cuernavaca también reprueba.
En cuanto a indicadores económicos, la capital del estado tiene una economía débil, poco diversificada y una movilidad caótica. El INEGI, a través de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), retrata una economía urbana frágil: ingresos bajos, informalidad alta, ingreso promedio por debajo de ciudades industriales, un mercado laboral limitado y una alta dependencia del sector servicios y comercio. No hay proyecto económico claro para la ciudad.
A eso se suma una movilidad deficiente: calles en pésimo estado, tráfico constante, una ciudad poco caminable y con una infraestructura peatonal deficiente. Moverse en Cuernavaca implica cada vez perder tiempo y paciencia, todos los días a cualquier hora. La movilidad reduce significativamente el bienestar diario.
La característica de Cuernavaca es su medio ambiente y este se mantiene como su principal activo, pese a la voluntad cómplice del gobierno municipal de apoyar la tala de árboles, su incapacidad para evitar fugas de agua potable y su nulo mantenimiento a las áreas verdes y de recreación.
Cuernavaca tiene uno de los mejores entornos ambientales del centro del país, lo reconocen los módulos ambientales del propio INEGI, pero el medio ambiente no gobierna, no pavimenta calles, no garantiza seguridad ni recoge basura. Este activo natural, lejos de aprovecharse, se ha usado como coartada para ocultar la mediocridad administrativa.
En conclusión, los datos del INEGI son claros: Cuernavaca no es hoy una buena ciudad para vivir, y eso tiene responsables. José Luis Urióstegui Salgado encabeza un gobierno en su gran mayoría de oportunistas y succionadores del presupuesto que administran inercias, pero no resuelven problemas; que vociferan tener logros, en una ciudad donde impera el caos; que presumen estabilidad, mientras la ciudad se deteriora día a día.
Lo otrora Ciudad de la Eterna Primavera, tiene potencial, pero actualmente refleja un abandono de años, donde se vive con miedo, con servicios deficientes, con un alto estrés ciudadano, donde lo peor es que el medio ambiente ya refleja todo lo anterior.
ESPUELAZOS
CÍNICO INFORME: El pasado miércoles 10 de diciembre, José Luis Urióstegui Salgado presentó una especie de “primer informe” de su segunda administración al frente del municipio de Cuernavaca. El evento resultó ofensivo para sus dizque gobernados, quienes le hicieron un evidente vacío: varias sillas quedaron sin ocupar, aun cuando hubo todas las “facilidades” para asistir. Fue un acto de apenas una hora con cinco minutos de duración, que incluyó el pase de lista de los integrantes del Cabildo, un somnífero video institucional, un mensaje político sin sustancia y, eso sí, muchas, muchísimas salutaciones.
MAGROS RESULTADOS: ¿Qué tan limitados deben ser los resultados para que el avejentado edil priorice como máximo logro el pago de la deuda municipal? Eso no representa ningún beneficio social; es, en el mejor de los casos, un trámite meramente burocrático. Con cinismo, Urióstegui presumió avances en la recolección de basura y se adjudicó supuestos logros en materia de seguridad, aunque únicamente habló de equipamiento y aumento de infraestructura, sin mencionar un solo indicador que demuestre la disminución de la incidencia delictiva. Porque no la hay; por el contrario, ésta ha aumentado. En cuanto a vialidades, dijo haber bacheado más de 70 mil metros cuadrados, como si tapar hoyos y mal fuera un mérito digno de aplauso.
LO QUE NO DIJO: Por supuesto, en este cuarto informe de Urióstegui como presidente municipal, no hubo una sola palabra sobre las pésimas obras ejecutadas durante su gestión, como la fallida pavimentación de la avenida Universidad, la cuestionada “permuta” de la calle Santa Prisca, ni de su viaje a Las Vegas mientras medio Cuernavaca estaba bajo el agua. Eso sí, presumió que en cuatro años ha destinado más de 874 millones de pesos a infraestructura urbana y que tan solo en 2025 se invirtieron 275 millones en obras públicas. La pregunta es obligada: ¿dónde está aplicado ese recurso y por qué municipios con presupuestos muy inferiores lucen menos deteriorados que Cuernavaca?
OTROS “OLVIDOS” En el “informe” tampoco hubo espacio para hablar de la tala de árboles que su gobierno ha tolerado —y en algunos casos promovido—, ni de la corrupción enquistada en diversas áreas de su administración: SAPAC, Comunicación Social manejada por los voraces y rateros hermanos Jiménez Ocampo, Obras Públicas, Servicios Públicos, SEPRAC (bueno, ¿en dónde no?). Tampoco dijo nada del crecimiento desbordado del comercio ambulante, de lo ocurrido en torno al Paseo Ribereño y, con absoluto descaro, se atrevió a hablar de honestidad, transparencia y de sus olvidables Ferias de la Primavera. No mencionó nada de sus clases de seguridad personal de “ocultarse y agacharse”, digna de registro ante el IMPI.
TUFO A MORENA: Aunque José Luis Urióstegui encabeza una administración supuestamente “panista”, recurrió a la ya gastada estrategia morenista de echarle la culpa al pasado, pese a que ya suma cuatro años como presidente municipal y tres más como socio político de su antecesor, Antonio Villalobos Adán. Y pensar que para este 2026, el Municipio de Cuernavaca tendrá un presupuesto de 2 mil 149 millones 428 mil 125 pesos, que ¡será ejercido por Urióstegui Salgado y equipo de ineficientes colaboradores!





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